La isla de las reformas

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) sesionó durante seis intensos días. Aunque los temas a tratar no fueron nuevos, las medidas adoptadas son polémicas. Desde las filas del partido que gobierna la isla, se propician una serie de reformas económicas, propuestas principalmente por su presidente, Raúl Castro

Entre el 16 y el 19 de abril pasado los mayores líderes del PCC se reunieron para debatir el camino a seguir. Cerca de 300 reformas fueron aprobadas, con el fin fundamental de mejorar el termómetro económico, que desde hace varios años parece marcar fiebre al gobierno cubano. Los mil delegados que asistieron votaron a favor del programa de reformas que tienen como finalidad actualizar el modelo socialista vigente desde hace medio siglo.

Según explica el documento del congreso, dicha actualización comenzará por la economía cubana, que “deberá transitar, con orden y disciplina y con la participación de los trabajadores, hacia un sistema descentralizado, en el que primará la planificación, como rasgo socialista de dirección, pero no ignorará las tendencias presentes en el mercado, lo que contribuirá a la flexibilidad y permanente actualización del plan.”

En cuanto al resto de las reformas, es posible ordenarlas en los siguientes ejes de análisis: En primer lugar, modificaciones impositivas; en segundo lugar, las referidas a el otorgamiento de créditos; tercero, reformas referidas a la propiedad privada (en el mercado inmobiliario y automotor); en cuarto lugar medidas relacionadas a la Producción; seguidas por reformas al sistema de subsidios de la canasta básica alimentaria; y finalmente las menos, las reformas políticas.

En lo referido a las modificaciones impositivas, se busca flexibilizar las políticas en el área; estimulando la creación de puestos de trabajo en el sector privado. Se espera que un cuarto millón de nuevos empresarios surjan con estos cambios. Los cubanos podrán contratarse como empleados entre sí, alquilar sus casas o sus coches sin tantas restricciones. Se busca además que las tasas impositivas sean proporcionales al desarrollo económico de cada región de Cuba.

Por otro lado,  la posibilidad de acceder a créditos es una novedad interesante. Fundamentalmente, se otorgarán a los cuentapropistas, pero también se prevé en el largo plazo incluir a la población en general. Las actividades que tendrán prioridad serán: la actividad agrícola y de la construcción de viviendas. No se mencionó ningún cambio al sistema de doble monedas que impera en la isla: peso cubano y peso convertible.

La propiedad privada se encontraba prohibida en Cuba desde el inicio de la revolución de 1959. Sin embargo, esto no quiere decir que no existen compra-venta de bienes inmuebles o automóviles, sino que se gestiona de modo ilegal. Por esta razón la intención de estas reformas es legalizar dichas acciones. Según el informe del congreso “el incremento del sector no estatal de la economía, lejos de significar una supuesta privatización de la propiedad social, como afirman algunos teóricos, está llamado a convertirse en un factor facilitador para la construcción del socialismo en Cuba”

En lo que respecta a la producción, se proyecta una modificación del Decreto‐Ley 259 (sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo), en miras a ampliar la capacidad productiva de la tierra ociosa. En relación a esto, el régimen priorizará la producción de caña de azúcar que, a pesar de ser el principal cultivo de la isla, actualmente no representa más del 5% de sus exportaciones. El gobierno pretende llegar a una producción y oferta que sea accesible a todos los ciudadanos, pero que no implique subsidios estatales.

En lo referido a la producción de alimentos, se dejará sin efecto la denominada “libreta de racionamiento”, en miras a dar por concluidos los esquemas de subsidios a alimentos de la canasta básica. Dichos subsidios significaban una “carga insostenible”, según informó el periódico oficial Granma. A pesar de esto, los documentos del congreso señalan que: “los lineamientos definen que el sistema económico que prevalecerá continuará basándose en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, donde deberá regir el principio de distribución socialista  ‘de cada cual según su capacidad a cada cual según su trabajo’ ”

Por último, las reformas políticas no son muchas, ni muy amplias. Se planteó limitar los períodos de ejercicio del poder a cinco años, pero dicho tema sería debatido recién en enero de 2012, durante el próximo congreso partidario. Además de esto, se presentará una nueva cúpula dirigente.

En esta línea, hasta el momento se ha incorporado el economista Marino Murillo, recientemente nombrado jefe de la Comisión Permanente del Gobierno para la Implementación y Desarrollo de las reformas. Respecto a él, Raúl Castro aseveró que el funcionario “responde a la significación estratégica de la actualización del modelo económico y el desarrollo de la economía nacional”.

Según el propio Fidel Castro: “La dirección del Partido debe ser la suma de los mejores talentos políticos de nuestro pueblo”. Castro, emblema de la revolución, se dio el gusto de votar a los dirigentes del partido, reflexionó sobre el congreso, sobre su rol en el partido y fundamentalmente sobre el rol de las nuevas generaciones. “Pienso que he recibido demasiados honores. Nunca pensé vivir tantos años (…) a mi juicio considero un deber elemental de los revolucionarios cubanos. Mientras más pequeño sea un país y más difíciles las circunstancias, más obligado está a evitar errores”, aseveró. Lo cierto es que quedan pocos “jóvenes revolucionarios”. La mayoría de los jóvenes cubanos ven al sistema como agotado, aunque no por eso es menor el sentir nacional.

En la comunidad internacional, generalmente se han adoptado posturas bastante distantes, al conocerse las primeras noticias sobre las reformas. No fue así en el caso de China, cuyo  presidente, Hu Jintao, expresó su respaldo a las reformas en un mensaje dirigido al líder Fidel Castro, que firmó en su condición de máximo dirigente del Partido Comunista de China.

En dicho mensaje se afirmaba el apoyo chino al pueblo cubano “en su justa lucha por salvaguardar la soberanía nacional y oponerse a la intervención foránea” y Hu Jintao reafirmaba su compromiso con la isla, y su apoyo para que Cuba siga explorando “el camino de desarrollo socialista que corresponda a sus realidades nacionales”.

Más allá de la respuesta china, en términos generales las reformas en la isla fueron criticadas y relegadas al lugar de “pequeños maquillajes o que buscan afianzar el poder castrista”. Aunque también estuvieron aquellos que las elevaron calificándolas de “cambios fundamentales” en el sistema cubano. Como con toda reforma de este tipo, hoy resulta apresurado realizar evaluaciones, habrá que esperar a ver sus primeros efectos.

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