Llueve sobre mojado: Asimetrías y restricciones en el Mercosur

La política de control de importaciones acentúa las asimetrías estructurales en el Mercosur y pone en peligro la consolidación del bloque.

La política llevada a cabo por el gobierno nacional para controlar la entrada de importaciones, que tienen como principal cara visible al secretario de Comercio Interior, dan de que hablar en muchos aspectos. Uno de ellos es el impacto que tienen estos controles en el  intercambio comercial con los países del MERCOSUR.

La consolidación de un bloque económico regional tiene como premisa para su formación y consolidación el aumento de las relaciones económicas entre los países. Dentro de estas relaciones económicas el incremento del intercambio comercial ente los Estados Partes es fundamental, así como la fluidez de estos intercambios. Si tomamos un periodo de tiempo considerable los números demuestran que estas relaciones efectivamente se han intensificados en el bloque regional. En el 2010 el intercambio comercial intra MERCOSUR alcanzo un total de US$ 43.902 millones entre los cuatro miembros originales más Venezuela. Este monto es muy superior si se compara con los US$9.000 millones de 2002 y los US$4.500 millones de 1991, el año de la creación del Mercosur. En el periodo 2003-2008 la tasa media anual de variación del comercio intrabloque fue de 26,4 % (Informe Mercosur, BID:2009)

A su vez existe una integración significativa entre los Estados Partes como destino de sus exportaciones y origen de sus importaciones. En 2010 el 20,5 % de las exportaciones Uruguayas tuvieron como destino Brasil-Argentina. Mientras que en el mismo año el 35 % de sus importaciones era de origen Brasilero- Argentino. En el 2011 el 24,4 % de la exportaciones argentinas tuvieron como destino el Mercosur (más del 80 % fue a Brasil). En el caso de Brasil esto es menor, ya que el bloque  compra solo un 10 % de sus exportaciones y es el 8 % del origen de sus importaciones (Estadísticas CEI: 2011). Esto también nos da una idea de la importancia relativa que tienen el Mercosur para uno y otros estados miembros en materia de comercio exterior.

Estas medidas restrictivas sobre las importaciones seguramente no cambiaran la tendencia creciente al aumento del intercambio intra bloque, pero de ningún modo lo promueven en el corto y mediano plazo. En el plano nacional, los objetivos  del control a la entrada de importación que está siendo aplicado por Argentina son por un lado planchar el crecimiento de las importaciones con el fin de conservar los superávit en cuenta corriente. Por otro lado, un menor nivel de importaciones repercute en una menor demanda interna de dólares para comprar dichas importaciones, lo que brindaría al BCRA un mayor  en el valor del dólar en su mercado de cambio.

Actualmente al interior del Mercosur existen dos frentes de quejas hacia la política argentina de importaciones. Una de ellas por el lado de los industriales brasileros y la otra por el lado de los industriales uruguayos. Pese al que el reclamo básicamente es el mismo a cada uno le corresponde un tratamiento particular. Brasil es la economía más fuerte del Mercosur, tienen una matriz exportadora más amplia, y en su intercambio comercial bilateral con Argentina goza de un superávit casi crónico, 80 meses para ser exactos.  Con Uruguay la cuestión cambia radicalmente, ya que constituye una encomia pequeña, con pocos productos de exportación y la participación del Mercosur dentro del destino de las exportación es muy alta. A ello debe agregarse que en su intercambio comercial bilateral con Argentina, la cuenta corriente de Uruguay es deficitaria. El caso de Paraguay similar a este último.

Tomado en cuenta las dimensiones planteadas anteriormente está claro las consecuencias de la política de control de importación resulta más perjudicial para Uruguay que para Brasil. A esta situación se agrava el hecho que hace unos meses atrás el gobierno brasilero también colocó restricciones a algunas de las importaciones Uruguayas. Cabe mencionar que según datos del 2010 Uruguay exporto a Brasil más del doble de que lo que exporto a Argentina, 1.422 millones de dólares, contra  570 millones de dólares. Esta situación, marca un panorama en el cual uno de los países más chicos del Mercosur ve cerrada parcialmente la entrada de sus productos a los Estados  más grandes del Mercosur y principales socios comerciales.

Por tanto, las quejas por parte de los industriales uruguayos al respecto no tardaron en llegar. Hace unos días, la asesora de la Cámara de Comercio, Ana Laura Fernández, destacó que uno de los problemas más acuciantes para Uruguay, son las trabas comerciales con Argentina, y el presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la Cámara de Industrias del Uruguay, Rafael Sanguinetti,  aseguró que “nuestra percepción es que el Mercosur no solo está estancado, como dijo el presidente José Mujica, sino que está totalmente desestructurado El bloque no está respetando los compromisos asumidos”[1]. Está claro que para ciertos sectores empresariales uruguayos estas trabas son una grave falta y desacreditan el funcionamiento del MERCOSUR.

Es evidente  que la corrección del déficit comercial de Argentina con Brasil es un tema que debe ser tratado por ambos países en vista de lograr un mayor equilibrio productivo el mediano y largo plazo. Con respecto a Uruguay la magnitud de las pérdidas y el perjuicio que implica estas restricciones a su exportaciones demandan una mayor inmediatez para lograra destrabar el conflicto. El mantenimiento de esta política restrictiva hacia las importaciones uruguayas y paraguayas, tanto por parte de Argentina como de Brasil,  son un conflicto comercial y político de importancia.

El presidente Uruguayo,  ha dejado en claro que la relación con sus países socios del Mercosur va más allá de los números del intercambio comercial y supo colocar esta idea frente a los reclamos de sus empresarios, aunque  debe  responder a los intereses del país oriental. Esta postura ineludiblemente genera tenciones políticas hacia adentro y tenciones diplomáticas hacia afuera del país Uruguayo. Frente a esto, es necesario que los países más fuertes del Mercosur tengan una política más responsable hacia sus socios menores en materia comercial, si  se desea avanzar en un proyecto de integración regional más profundo  que beneficie a todos sus miembros.

El autor es Licenciado en Economía y Maestrando en Relaciones Económicas Internacionales.