MERCOSUR: Entra Venezuela y sale suspendido Paraguay

La suspensión de Paraguay abrió el camino al postergado ingreso de Venezuela. La integración regional suma un nuevo desafío a los muchos pendientes de resolver.  Argentina y Brasil, los más beneficiados por la inclusión de Venezuela

En julio de 2006, los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay habían suscripto el protocolo de adhesión de Venezuela al MERCOSUR como miembro pleno. Sin embargo, por tratarse de un organismo intergubernamental, los Parlamentos de cada uno de los países debían respaldar lo acordado previamente por los presidentes. Los poderes legislativos de Argentina, Brasil y Uruguay acompañaron el ingreso de Venezuela. Pero Paraguay no lo hizo y, de esta manera, vetó el ingreso del país caribeño.

Resultaba llamativo que los intereses de Brasil y Argentina quedaran truncos por el Parlamento de un país cuyo PBI representa el 1% del MERCOSUR. En el ámbito internacional, los intereses del país o bloque más poderoso suelen prevalecer por sobre los del país más débil y lo legal resulta accesorio. Argentina, Brasil y Venezuela respetaron la decisión paraguaya aunque resultaba evidente que, apenas tuvieran la oportunidad, encontrarían la veta para lograr su objetivo.

Cuando el Parlamento paraguayo destituyó al gobierno de Lugo, dejó la pelota picando en el medio del área frente a dos potencias futboleras. Los países que vieron nacer a Messi y a Neymar se encargaron entonces de abrir un partido muy cerrado. Por su parte, el parlamento paraguayo, sumido en conflictos internos, no consideró o no se interesó por las consecuencias regionales de su accionar. Su suspensión del MERCOSUR (hasta que haya elecciones democráticas) abrió las puertas al ingreso de Venezuela.

Finalmente, el día de ayer se formalizó la adhesión de Venezuela al MERCOSUR como miembro pleno. Pero, aunque parezca obvio a estas alturas, este hecho no es el final sino el comienzo de un proceso de integración que requerirá de mucho trabajo. Para eso, serán necesarios equipos técnicos que puedan visualizar las posibilidades de integración productiva, fortalecer las complementariedades, suavizar los conflictos y, sobre todo, planificar estratégicamente el posicionamiento del MERCOSUR hacia adentro y hacia el mundo.

La integración en MERCOSUR dista de ser una tarea fácil pues se trata de países subdesarrollados o emergentes de distinto tamaño que intentan, en mayor o menor grado, desarrollar sus estructuras productivas y para eso necesitan proteger sus industrias. Pero el MERCOSUR fue concebido como un medio hacia el libre comercio durante el predominio del paradigma neoliberal. Por lo tanto, como actualmente el libre comercio ya no es un objetivo, las dificultades que atraviesa el bloque regional no deberían resultar descabelladas.

Los países sudamericanos parecen haber optado entre dos vías: el MERCOSUR o la firma de Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y otros países industriales. A grandes rasgos, las ventajas de la primera opción son la generación de empleo y la posibilidad de desarrollar una industria con fuertes encadenamientos productivos. Su desventaja son los altos precios de bienes industriales producto de una menor competitividad. En cambio, la segunda opción implica la importación de productos industriales baratos pero la renuncia a la producción de aquellos bienes que requieren de mayor tecnología.

En lo concreto, Venezuela representa un mercado de 30 millones de habitantes y el tamaño de su economía es la mitad que la argentina. Más del 90% de sus exportaciones al mundo se concentran en bienes primarios (principalmente petróleo) y sus exportaciones al bloque MERCOSUR tienen la misma particularidad. En cambio, las exportaciones del MERCOSUR a Venezuela están más divididas: un 43% son manufacturas de las cuales un 78% son de media o alta tecnología.

Por todo esto, en principio parecería que Argentina y, sobre todo, Brasil serán los principales beneficiados del ingreso de Venezuela. Las ventajas de pertenecer al MERCOSUR para Venezuela, Uruguay y Paraguay son menos claras. Dependerá de los equipos técnicos y de la voluntad política la posibilidad de canalizar los conflictos y construir un MERCOSUR más competitivo hacia afuera y más armonioso hacia adentro.