El abismo de la gobernanza mundial

The International Monetary and Financial Committee (IMFC) Governors meet at their Plenary session chaired by Tharman Shanmugaratnam on April 16, 2011 at the International Monetary Fund Headquarters in Washington, DC. The IMF/World Bank Meetings are being held in Washington, DC this week which will host Finance Ministers and Bank Governors from 187 countries. = RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / International Monetary Fund / Stephen Jaffe" - NO MARKETING NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS =

La lógica del regionalismo y el bilateralismo dominan las negociaciones internacionales y alejan la utopía de las instituciones globales.

El cambio hacia un orden multipolar, provocado en parte por el surgimiento de las economías emergentes, ha modificado las reglas de juego dentro del sistema internacional, principalmente por la vuelta a la lógica de la soberanía nacional y por la preferencia de los regionalismos como instancia estratégica de política exterior. Estos fenómenos tienen como consecuencia el debilitamiento de las organizaciones internacionales y la posibilidad de re-configuración geopolítica de la estructura de gobernanza mundial.

A partir del año 2008,  se genera un debilitamiento multilateral dentro de la OMC provocado por la falta de acuerdo en las negociaciones comerciales. Esto último puede ser explicado, entre otras razones, por las diferencias que separan los países desarrollados y en desarrollo en relación al acceso a mercados, especialmente en materia agrícola.

La situación no es diferente en el marco de  Naciones Unidas, donde las constantes críticas al organismo se basan en la falta de representación de las potencias emergentes en el Consejo de Seguridad. El estado vacilante de ONU en la crisis de Siria, sumado a sus últimas actuaciones en los conflictos que evocaron la Primavera Árabe, dejaron mucho que desear.

Dentro del marco descripto, de debilitamiento de las negociaciones multilaterales dentro de los organismos de carácter mundial,  se destaca la proliferación de acuerdos interregionales: El Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión entre los Estados Unidos y la Unión Europea, la Asociación Económica Integral Regional entre los diez países miembros de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), Australia, la India, Nueva Zelandia, China, el Japón y la República de Corea, un Acuerdo de Libre Comercio entre estos últimos tres países, y por último, el mega Acuerdo de Asociación Transpacífico (más conocido por su sigla en inglés, TPP), que están en curso desde 2010 y reúnen a 12 países de América Latina, América del Norte, Asia y Oceanía.

La importancia de los “mega-acuerdos” reviste en el número y tamaño de las economías involucradas, los espacios integrados y la ambiciosa agenda temática propuesta, que se destaca por ser más amplia y compleja de lo que se ha venido negociando en el ámbito multilateral. Si las presentes negociaciones concluyen exitosamente, pueden tener una fuerte incidencia en el diseño del comercio mundial, y quizás también, en la distribución de poder mundial.

El tratamiento de la inversión extranjera, la política de competencia, los flujos de capital, las regulaciones ambientales y laborales, las medidas relacionadas con el otorgamiento de visas y la convergencia de diversas medidas regulatorias, son algunos de los puntos que se incluyen en las agendas de los “mega-acuerdos”. Uno de los objetivos del establecimiento de las presentes temáticas es regular el accionar de las empresas multinacionales, principales protagonistas dentro del sistema económico mundial y de las cadenas de valor regionales

El desenlace de las negociaciones sobre la agenda temática puede provocar fuertes cambios en la estructura legal del sistema, pudiendo generar diferentes escenarios a futuro, como la negociación de dichas temáticas dentro del marco de la OMC o el fraccionamiento de la economía en grandes bloques regionales.

Estrategias

Estados Unidos. La política exterior estadounidense hacia Asia involucra la puesta en práctica de los mega-acuerdos, los cuales llevan el interés de la contención a China y la búsqueda de provechos económicos, tanto en la ampliación del mercado de bienes y servicios como en el rol de la agricultura. En tal estrategia se incorporan, a su vez, acuerdos de libre comercio con países donde las negociaciones eran inexistentes o se encontraban en estado de decadencia, tales como Malasia, Japón, Vietnam, Nueva Zelanda y Brunei.

El Acuerdo de Asociación Transpacífico constituye la  gran ambición estadounidense hacia la región asiática, dado que incorpora a países claves, pero también suma a países latinoamericanos, constituyendo los mismos en conjunto el 60% del PBI mundial. A pesar de las resistencias internas que encuentra el tratado en el congreso estadounidense, dadas las fuertes contradicciones dentro del juego político interno, sería firmado a finales de este año.

Europa.  Por su parte,  Europa se encuentra en una situación crítica en términos estructurales. Compuesta por una población avejentada y una política exterior sin grandes estrategias,  la UE queda limitada a una crisis interna que no la deja visualizar los cambios que se están generando a nivel mundial y ante los cuales debería reaccionar. Ya sin el apoyo estadounidense y sin una estrategia clara hacia Asia o un TTP equivalente, le queda una posible salida tentativa y viable, que sería la concertación de un tratado de libre comercio con Japón aprovechando el giro pragmático que está efectuando Tokio en términos de apertura comercial.

Un tratado UE-Japón provocaría un cambio en el balance de poder entre el bloque y la eclipsada potencia, dado que las negociaciones entre los mismos harían aumentar su peso en la estructura económica mundial. Se debe tener en cuenta que en términos de negociaciones bilaterales Japón constituye una pieza clave en el rompecabezas geo estratégico, por lo que Europa no debe dejar de tenerlo en cuenta para futuros acuerdos.

China. Mientras tanto el gigante Asiático se mantiene sin ser parte de estos mega-acuerdos, declarándose renuente al liderazgo mundial y resistiendo a ser “participante responsable” de los sistemas políticos y económicos mundiales. Sin embargo, se encuentra presente en cada una de estas negociaciones, reconociendo la importancia de los mismos en los movimientos geopolíticos.

Escenario Mundial

El establecimiento de los presentes acuerdos interregionales llevan a la división de dos bloques en Asia-Pacifico: aquellos que se unen a la política pro-estadounidense y los que  se alinean con el gigante Chino. Es justamente ésta una de las razones por las cuales se debe estar atento a los acuerdos, por su  capacidad de generar distribución de poder en las regiones, no solo en el caso de Asia sino también de América Latina donde Estados como Brasil quedan relegados de dichas negociaciones, a pesar de su importancia económica.

Los mega-acuerdos no solo dan muestra de un fraccionamiento a nivel global, sino también de la capacidad estadounidense para seguir movilizando la geopolítica mundial, influido por diferentes factores tales como la fuerte resistencia de China a asumir un rol destacado en dentro del sistema; la crisis económica, política e institucional de la Unión Europea y la crisis interna que transita Rusia.

A pesar de las conclusiones establecidas, se puede asegurar que las instituciones globales, como las Naciones Unidas o la OMC, siguen siendo el centro discursivo del nuevo orden mundial, pilares fundamentales del Consenso de Washington. Sin embargo, su capacidad para actuar como marco de negociación, se ve cuestionada por los “mega-acuerdos”. Es por ello, que de los países miembros va a depender cuál será el rol de las mismas dentro del sistema. El enigma está en si lograrán reposicionarse y continuar el camino hacia la gobernanza mundial a partir de instituciones globales, o seguirán en decadencia, por lo menos en ese ámbito,  hasta quedar obsoletas.