Riesgo país y cambios de gabinete

¿Será que los cambios en el gabinete pueden tener un impacto en las percepciones sobre la economía argentina? ¿podrá un recambio tener influencia sobre el aislamiento en los mercados financieros?

Cuando al comenzar a discutir temas relativos al vasto universo de la economía y finanzas argentinas, una lúgubre fuerza gravitacional tiende a acercar las conclusiones hacia los confines menos prometedores de este espacio. Las evaluaciones sobre el status quo actual no arrojan un saldo positivo y las perspectivas sobre posibles escenarios futuros tampoco presentan una mejor forma.

En el plano internacional, esta desesperanza o incertidumbre con respecto al futuro económico del país se ha traducido en una condena al ostracismo, que convierten a la Argentina en el paria de los mercados internacionales. Esta situación de postergación se hace visible, por ejemplo, en la negativa perfomance que tienen los bonos y títulos públicos argentinos, o en la tendencia ascendente que ha demostrado el Riesgo País en los últimos años.

Sobre este universo de la economía argentina y su relación con ciertos índices internacionales, uno de los hechos recientes que se ha destacado de modo casi anecdótico, ha sido el impacto que han tenido los cambios de gabinete sobre las mencionadas mediciones. A modo de precaución, se anunció la respuesta negativa de los mercados con respecto a los cambios en el Ministerio de Economía y en la titularidad del BCRA. Al contrario, con un tono cuasi rozando una rectificación, se resaltó la respuesta positiva que generó la salida del Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

¿Será que ciertos cambios en ciertos gabinetes pueden tener un impacto en las percepciones que pesan sobre la economía argentina? Incluso, ¿podrá un recambio de personalidades tener influencia sobre el aislamiento de Argentina en los mercados financieros internacionales?

Uniendo y examinando simultáneamente dos variables: las fechas de toma de posesión o recambio en el Ministerio de Economía (por ser una de las carteras que mayores cambios a sufrido a lo largo del período de CFK) y las variaciones porcentuales del Riesgo País; es posible observar que la relación entre ambas no es significativa.

Carlos Fernández y Amado Boudou fueron los que registraron la peor recibida en relación a la variación del ‘riesgo país’, con incrementos porcentuales de este índice de 0,04 y 0,07 respectivamente. Por otro lado, ante el ascenso de Martin Lousteau y Axel Kicillof se observaron descensos porcentuales de entre -0,03 y -0,02. No obstante, la relación no es demasiado contundente como para demostrar un serio impacto de los cambios de gabinete sobre las percepciones de riesgo o seguridad que se tengan sobre la economía nacional.

Ahora observando, ya no las variaciones porcentuales sino el valor total del ‘Riesgo País’ en relación a algunos anuncios o eventos del devenir económico argentino (solo a modo demostrativo, no exhaustivo), otra es la vinculación que emerge.

Se trata de que, más allá del eventual frontman ministerial, lo que mayor impacto ha tenido en los índices de confianza sobre la economía del país, son los anuncios y especulaciones referidos a la capacidad o solvencia de pago de Argentina.

Así se tiene que la mayor disparada en los valores del índice del ‘Riesgo País’ ocurrió en octubre de 2008. En un escenario internacional donde la crisis económica mundial se hallaba en plena explosión, desde Buenos Aires se anunciaba la estatización de los fondos provisionales. El resultado, la alarma de inversionistas y mercados internacionales. Ocurre que un temor comenzaba a cernirse con respecto a la solvencia del estado argentino, y es que este último se hacía mano de los fondos provisionales con el objetivo de financiarse un creciente déficit fiscal.

¿Por qué observar la relación entre el devenir económico argentino y los índices internacionales como el ‘riesgo país’? Acaso, ¿no se trata de una claudicación a favor de los grandes jugadores del sistema financiero internacional?

Otra visión emerge si se abandonan aquellas perspectivas ortodoxas tendientes a maximalismos y si al mismo tiempo se adopta un cierto pragmatismo. Así se puede arribar a un punto en donde se contemple que la observancia de dichos índices hace al éxito de la estrategia nacional (sea revisionista o pro-status quo) con respecto a la estructura del sistema económico-financiero internacional.

Dicha observancia no ha de confundirse con condescendencia, sino que se vincula con la necesidad de mantener una visión holística en relación al contexto exterior. Esto resulta clave en un mundo signado por la reestructuración de las arquitecturas internacionales.

 

La autora es columnista de CEIC.