La Córdoba cosmopolita que no todos conocen

Desde 1995 el Paseo del Inmigrante está presente en el centro cordobés, exhibiendo las representaciones de veinticuatro colectividades que han conformado a nuestra sociedad multicultural.

Juan Bautista Scalabrini fue el tercero de ocho hermanos que decidió estudiar teología y filosofía en su Italia natal hacia mediados del siglo XIX, y que resultó beatificado por Juan Pablo II en 1997.

Desde niño vivió la migración de cerca, porque habitó en un pueblo donde muchas personas viajaban a Suiza en busca de mejores condiciones laborales. Más tarde, en sus años de Obispo, tomó conciencia de la emigración como un “problema social”. Finalmente, Monseñor Juan Bautista se convirtió en el apóstol de los millones de italianos que dejaban su patria. En 1887, Scalabrini fundó la congregación de los Misioneros de San Carlos (Escalabrinianos) destinada a prestar asistencia religiosa, moral, social y legal a los emigrantes de su país.

Hoy, un pequeño espacio verde de nuestra ciudad luce un mural con su nombre, en honor a todas aquellas colectividades que en su arribo a nuestro país han hecho de la nuestra, una sociedad multicultural.

Desde 1995, entre el río Suquía y la reciente explosión del negocio inmobiliario colindando con Humberto Primo, el Paseo del Inmigrante ha estado presente en ese pedacito de ciudad. Probablemente, la gran mayoría de los cordobeses y de quienes nos visitan desde lejos no hayan notado su presencia, pero eso no le quita valor.

A veces no nos detenemos a pensar en la riqueza de los  rasgos heredados de otras culturas, aquellos que nos forjaron como una patria multicultural. La inmigración en nuestra sociedad fue un hecho fortuito que nos dio origen en el pasado, y nos da identidad en el presente. Como lo expresa la Directora de Relaciones Institucionales de la Municipalidad de Córdoba, Noelia Wayar, “la inmigración en nuestra ciudad ha sido un proceso que ha contribuido a la conformación de la sociedad cordobesa. A través de las diferentes corrientes migratorias que se suscitaron (en un primer momento desde Europa y Asia y más reciente en la historia, desde los países latinoamericanos) se ha ido forjando una identidad que hoy hacen de Córdoba una ciudad multicultural y cosmopolita, con características propias.”

La inmigración es hoy un fenómeno que nos conforma en primera persona, y en la inmediatez: migrar está en la naturaleza humana desde antes de que los hombres supieran escribir, y parece que va a seguir siendo una característica definitoria de nuestra especie. Con el desarrollo de la globalización, la facilidad del transporte y la comunicación han tomado un papel protagónico en la vida de las personas. Hoy, miles de individuos traspasan fronteras. Pasean, huyen, buscan trabajo, aprenden, se perfeccionan, buscan refugio o asilo político, buscan mejores oportunidades. Y ello implica la formación de lazos con las sociedades de acogida, independientemente de si la estadía en el extranjero es temporaria o permanente.

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Nuestra ciudad no sólo recibe extranjeros, los cordobeses también somos ávidos viajeros. Lucas, un futuro colega cordobés que viajó a Medio Oriente para estudiar, cuenta su experiencia con una significativa reflexión: “Al comenzar a viajar se despierta muy fácilmente en nosotros uno de los instintos humanos que hemos alimentado durante milenios: el instinto del nomadismo. Y es quizás este instinto trashumante, este deseo incontenible de seguir transitando tierras y caminos, la única característica del espíritu humano que puede combatir otro sentimiento igualmente profundo y opuesto que es nuestra permanente inclinación a la nostalgia”.

Y la nostalgia por las raíces también va de la mano con aquellas manifestaciones culturales que nos traen lo remanente de tiempos pasados, pero que rigen en la actualidad con una contemporaneidad absoluta: la paella española, el chucrut alemán, el chocolate suizo, el café irlandés, las pastas italianas… comidas que nos suenan familiares, aunque vengan desde lejos.

No sólo las comidas han ido teniendo cabida en nuestra ciudad multicultural: cada vez más resuenan en nuestros oídos las fiestas donde se toca y se baila música balcánica. También se practican de manera creciente deportes y estilos de vida provenientes del Lejano Oriente. El estudio de idiomas por fuera de los tradicionales está cobrando relevancia. Las personas van ampliando su propio mundo, a través del conocimiento de culturas ajenas. Hoy el cordobés es más cosmopolita que algunas décadas atrás, y el hábito de la migración permanente tiene mucho que ver con este nuevo perfil.

Que el intendente Rubén Martí haya decidido ponerle su firma a la inauguración de este espacio público, nos habla de una visión clara sobre la importancia de la inmigración en nuestra ciudad en particular y en la sociedad en general. En este sentido, Noelia Wayar, explica que  “durante la gestión del Dr. Rubén Martí, se trabajó y profundizó la política de apertura y acciones de “Córdoba en el Mundo” y del “Mundo en Córdoba”. Claro que el contexto histórico y el auge en los procesos de internacionalización local, así como el crecimiento de la llamada paradiplomacia y la participación protagónica de las ciudades en los foros internacionales fue fundamental para el desarrollo de estas políticas. En este sentido, y con el creciente flujo de inmigrantes, principalmente de Perú, Paraguay y Bolivia, el Intendente Martí decidió reconocer ese “internacionalismo” y la presencia de estas importantes colectividades inaugurando el Paseo de Los Inmigrantes. Justamente el símbolo de homenaje también era compatible con otra de las claves de su gestión: el medio ambiente.

Además, Wayar destaca que éste ha sido un proceso en crecimiento los últimos años, agregando que “[la] gestión [actual] ha decidido trabajar en la puesta en valor de este espacio, para retomar la senda de las relaciones internacionales y el reposicionamiento de la Ciudad de Córdoba.” Así, anticipa que “en los próximos meses se llevará a cabo la reapertura de este Paseo, con la presencia de los representantes de las colectividades de la Ciudad”, dejando en claro que Córdoba transita plenamente un camino hacia la internacionalización y el cosmopolitismo.

Sin embargo, la migración puede ser vista tanto como un problema socio-económico, como una oportunidad de intercambio y enriquecimiento. Depende del lente con que se la mire. La licenciada Wayar nos manifiesta desde la visión institucional del municipio que “se reconoce y se valora a las comunidades de extranjeros y se dan claras muestras de ello. Desde diciembre del año 2011 se instauró en la carta orgánica municipal un área que se dedica exclusivamente a las relaciones institucionales y específicamente al desarrollo de los vínculos internacionales y el trabajo con los diferentes cultos y colectividades de Córdoba. De esta manera se trabaja claramente en políticas que potencien y fortalezcan las posibilidades de intercambio con otras comunidades así como medidas que propicien su inclusión en nuestra sociedad.”

Una ciudad cosmopolita es una ciudad en reinvención permanente. Las más grandes ciudades del mundo son aquellas que han recibido diversas afluencias migratorias y que encontraron en la multiculturalidad un potencial de crecimiento, creatividad e innovación. Con el agregado de que nuestra Córdoba cuenta con una de las Universidades más prestigiosas del Cono Sur, que genera un capital humano en constante crecimiento y abierto a nuevas ideas, podría decirse que la riqueza generada por el intercambio cultural no podría ser más que auspiciosa para el desarrollo de la ciudad.

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Hoy se encuentran representadas en el Paseo del Inmigrante veinticuatro colectividades que han aportado lo suyo a nuestra sociedad, y que nos hacen sentir nostalgia por las raíces arraigadas en tierras ajenas, pero que también nos motivan a emprender viaje hacia aquellas latitudes, de cuyas gentes tantas cosas podemos aprender.

Las colectividades presentes en el Paseo del Inmigrante son: Albania, Haití, Alemania, Comunidad Islámica, Armenia, Austria, Bolivia, Croacia, Corea, República de San Marino, Chile, España, Colectividad Helénica, Hungría, Comunidad Judía, Italia, Irlanda, Japón, Paraguay, Perú, Polonia, Siria y Líbano, Suiza y Ucrania.

La autora es Directora Ejecutiva de GEIC.