Thomas Piketty: ¿El Robin Hood del siglo XXI?

El economista que ha puesto en duda las posturas conservadoras en torno al capitalismo, ubicando a los ricos como el centro del debate.

THOMAS PIKETTY, Doctor en Economía, nacido en Mayo de 1971 en Clichy, Paris, actualmente es  profesor de Economía en la Escuela de Economía de París, y director de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS). Ha saltado a fama gracias a su más reciente publicación “El capital en el siglo XXI”, una obra que nos muestra  que hay una tendencia a que los ricos sean cada vez más ricos, aumentando la brecha económica en la sociedad, lo que hará que en un futuro peligre el sistema democrático, debido a que el capitalismo no propone una solución al problema de la distribución de la riqueza.

Su libro es el terror de las posturas conservadoras, que se ven sin capacidad de reacción ante el hecho de que arroja por la borda su defensa de que la excesiva riqueza es producto de la meritocracia, poniendo en discusión tal mecanismo, como se pregunta Paul Krugman (Nobel de Economía 2008), “¿qué pasa si las grandes riquezas proceden cada vez más de las herencia, y no de la iniciativa empresarial?”.

¿Cuáles son sus ideas? Piketty basa su argumento en un minucioso análisis de la distribución de la riqueza realizado a 20 países y que abarca los tres últimos siglos de la historia de la humanidad (desde la revolución industrial hasta nuestros días), en el cual muestra que los ricos son cada vez más ricos, no por lo generado por el trabajo, sino, más bien, por un mayor rendimiento de su patrimonio (lo formula como r>g donde “r” es el rendimiento del capital y “g” la tasa de crecimiento económico), mientras que la mayoría queda cada vez más relegada.

Capital-Piketty

Piketty no está en contra del Capitalismo, sino que cuestiona su incapacidad para corregir las desigualdades, motivo por el cual la riqueza se concentra en cada vez menos personas.

El autor nos dice que durante el siglo XX ha habido un freno en la desigualdad generada por el sistema, originado en un principio por las dos guerras mundiales y, luego, por la aparición del Estado Benefactor. Sin embargo, esta tendencia se ha revertido a partir de la década de 1970 y, más específicamente, con las políticas neoliberales de los ’90, lo que ha provocado una vuelta a los patrones de inequidad propios del siglo XIX. Esta situación podría poner en riesgo al sistema democrático en su conjunto.

Esta tendencia se mantendrá a menos que se tomen las medidas pertinentes.

Frente a ello, la solución que propone radica en la implementación de un impuesto a los grandes patrimonios a escala global, para que lo obtenido sea redistribuido a toda la sociedad.

Su obra le ha traído adeptos y críticos. Por un lado, su figura se realza junto a grandes economistas y pensadores de la historia como Adam Smith, Keynes o el mismo Marx; otros lo codean con Alexis de Tocqueville, el último gran pensador galo que ha influido notablemente en Norteamérica. Se le tilda de un revolucionario. De hecho Krugman sostiene en New York Review of Books que “el libro revoluciona nuestra manera de abordar las disparidades económicas poniendo a los ricos en el centro del debate”; ha ganado la simpatía de organizaciones como Occupy Wall Street y ha sido reivindicado por el actual Primer Ministro francés Hollande, entre otros. Pero no todas son buenas, puesto que por otro lado, ha sido el centro de fuertes críticas por parte de autores y medios conservadores, como el caso del diario Le Figaro, que tilda a la obra de Piketty de “panfleto”, o del Wall Street Journal, que lo considera como “visionario utópico”. Autores de corte más de derecha, como James Pethokoukis (columnista de Money&Politics y bloggero del American Enterprise Institute) tilda la obra de “marxismo blando”, por el simple hecho de teorizar sobre la redistribución de la riqueza.

A pesar de ello, Thomas Piketty ha logrado meterse en los grandes debates económicos de nuestra época, y quizás represente una bisagra en la forma de pensar el sistema capitalista en el cual nos encontramos.