Argentina y la producción de drones: un acercamiento al Proyecto SARA

En consonancia con las reformas en el Sistema de Defensa Nacional, la industria de los drones crece en la Argentina con desarrollos locales. ¿Qué posibilidades hay de que exista un mercado competitivo de estos instrumentos en el país? Usos, costos y los casos en actividad.

Habiendo referido con anterioridad a la historia y características generales de los drones (leer “Drones, ¿cambio de paradigma o simple innovación tecnológica?”), es ahora el turno de analizar la vinculación de aquellos con la República Argentina.

A este respecto, y no obstante carente de difusión, Argentina fabrica drones clase I (pequeños) desde hace ya algunos años, aunque más recientemente, en el marco del Proyecto SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino), se ha resuelto el diseño y la producción de diferentes modelos de UAV (siglas en inglés para Vehículo Aéreo No Tripulado) clase II y III (medianos y grandes) de fabricación nacional.

Asimismo, durante la última década, Argentina ha realizado una serie de reformas en el Sistema de Defensa Nacional, tanto en sus aspectos normativos, como organizacionales, productivos y de investigación.

Fue precisamente dicho contexto, aquel que favoreció el otorgamiento de una preponderancia fundamental a la “recuperación de las capacidades para la producción en Defensa” y al alcance de la “soberanía tecnológica”.

Lo anterior, en referencia al desarrollo de nuevas capacidades en el ámbito científico-tecnológico, susceptibles de ser combinadas con el sector industrial – productivo para, a largo plazo, establecer una industria nacional de defensa capaz de abastecer el mercado interno, recurriendo al mínimo posible de mediaciones externas.

Como resultado de dicho proceso (recuérdese, también, que durante la década del ’90 se llevó a cabo una fuerte desindustrialización y desmantelamiento de las Fuerzas Armadas argentinas), se constituye el Proyecto Sara que, atendiendo a los propósitos más generales de promoción del conocimiento y la tecnología necesarias para la industria de Defensa, tiene como por objetivo esencial el desarrollo de una serie de aviones no tripulados de clase II y III, dentro de un plazo de 10 a 15 años.

El actor clave en este proyecto (además del Estado, que actúa a través del Ministerio de Defensa) es la empresa INVAP S.E., quien para los lectores en cuestiones de defensa nacional, es protagonista recurrente de los últimos proyectos encarados desde el Estado, tales como el SINVICA (Plan de Radarización) o el Plan de Satélites Argentinos.

En relación a este punto, INVAP es una empresa argentina dedicada al diseño y la construcción de sistemas tecnológicos complejos, siendo su principal misión “el desarrollo de tecnología de avanzada en diferentes campos de la industria, la ciencia y la investigación aplicada, creando “paquetes tecnológicos” de alto valor agregado, tanto para satisfacer las necesidades nacionales como para insertarse en mercados externos a través de la exportación”.

Entretanto, además de la empresa anteriormente mencionada existe un conjunto de empresas privadas y estatales, como así también, universidades, que participan – en mayor o menor medida- de este ambicioso proyecto y que se denominan “Consorcio Nacional de Fabricación de UAV”. Entre ellas, destacan la FAdeA, Tesacom, Volartec, Nostromo, Fixview, Tedicem, Aerodreams, el Instituto Aeronáutico Universitario (IAU), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y Florestan.

De tal modo, el proyecto SARA no sólo permitirá poner a disposición del país (u otras naciones, en caso de que se llegase a exportar) una tecnología sumamente útil sino que, por sobre todas las cosas, dará lugar al desarrollo de diversos sectores de tecnología nacional de uso dual (civil y militar) en áreas como la propulsión, sensores, radares y comunicación.

A lo largo de su ejecución, deberá también determinarse qué materiales y dispositivos serán primeramente importados, hasta que diversas Pymes argentinas logren desarrollar efectivamente las capacidades necesarias para una eventual sustitución de tales elementos de procedencia foránea.

En este caso, por ejemplo, será una pequeña empresa cordobesa aquella a la cual corresponderá, en conjunción con INVAP, el desarrollo de una cámara giroestabilizada (tipo FLIR) para la Policía Federal, y a quien se le encargará la fabricación de una cámara destinada a los UAV nacionales. Dicha cámara, dispone de un telémetro láser importado, que intentará ser sustituido a la brevedad por uno de fabricación nacional que ya está siendo desarrollado por el Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF).

Sin embargo, este proyecto no carece de antecedentes. Por contrario, existían previamente modelos de VANT que eran utilizados en el ámbito militar (por las 3 Fuerzas) y civil (en agricultura por ejemplo). De entre los más conocidos, destacan el Yarará, el Lipán M3, el Cabure, el Strix, el UAV M-Com o el CH-6 y CH-7 (ambos helicópteros).

Ahora bien, ¿cuáles son exactamente las prestaciones de estos -tan renombrados- vehículos no tripulados?

Al respecto, y en primer lugar, resulta pertinente distinguir los usos que es posible otorgárseles en los ámbitos militar (en donde el Estado, mediante las Fuerzas Armadas, se constituye como el único usuario) y civil (que incluye empresas y/o particulares) y recordar, además, la diferencia entre UAV’s, y UCAV’s, dado que estos últimos son los únicos que poseen armamento propiamente dicho.

En este sentido, en el ámbito militar, tales aeronaves se encargan de ejecutar misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, entretanto aquellos que dispusiesen de armamento bien pueden realizar ataques selectivos mediante misiles (lo más populares, al respecto, son los Predator y Reaper norteamericanos y sus misiles Hellfire).

Sumado a ello, son también utilizados como enlace de comunicaciones, aviones de entrenamiento, misiones de reaprovisionamiento o reabastecimiento en vuelo, etc. En definitiva, se encargan de desarrollar toda aquella tarea que resultase tediosa o peligrosa para una tripulación humana.

En segundo lugar, y en términos civiles, las aplicaciones son aún más diversas, ya que los drones pueden ser utilizados para monitoreo ambiental y climático, búsquedas en zonas de catástrofe, control de incendios forestales y de tráfico, oleoductos y líneas de alta tensión, fumigación aérea, transporte de carga, servicio de telecomunicaciones, etc. La utilización de drones para tales aplicaciones reduce enormemente los costos, razón por la cual, dichos aspectos no pueden ser ignorados.

Como se ve, el desarrollo de esta tecnología no implica beneficios únicamente para el sector militar. Por contrario, los descubrimientos y avances alcanzados hasta el momento, por las empresas y por el Estado, pueden ser igualmente volcados hacia cuestiones de carácter fundamentalmente civil.

Por otra parte, son pocos los países que dominan con integridad estos sistemas, motivo por el cual, obtener dicho conocimiento resultaría imprescindible en vistas a lograr la soberanía tecnológica, pensando incluso en exportar tales productos de alta tecnología y rentabilidad. Además, es importante destacar que fomentar este espacio generaría puestos de trabajo genuinos.

Sin embargo, el principal problema de los UAV continúa siendo el vacío legal que existe al respecto, tanto en el derecho Internacional como Nacional. Dicho de otra manera, estos artefactos no se encuentran hoy regulados por ninguna ley, lo cual, simboliza una necesidad urgente.

Contemplando todas estas cuestiones, resulta posible afirmar que estamos ante una oportunidad única y que, si bien debe prestársele muchísima atención a la creación de una normativa legal que reglamente el uso de los vehículos no tripulados, no puede dejar de avanzarse en el diseño y desarrollo de éstos últimos, dado que aquello constituiría un gran paso en la recuperación de la autonomía del Sistema de Defensa Nacional.