Las relaciones internacionales y el circulante cultural

El circulante cultural emanado de las grandes factorías occidentales ha logrado, con gran éxito, la maestría de las tramas intersubjetivas globales que influyen en las percepciones y entendimientos que se mantienen con respecto al acontecer mundial.

Que los agentes perciben y actúan con respecto a su ‘Otro’ en base a significados intersubjetivos, es un paradigma que se ha ido consagrando como categoría explicativa dentro el campo de las relaciones internacionales. Pues a la par que se reconocen los límites analíticos de intereses y condiciones materiales, se acepta el valor reflexivo del entender la trama de significados y conocimientos sociales que hacen al “cómo piensan el mundo” individuos, sociedades y Estados.

El circulante cultural emanado de las grandes factorías occidentales ha logrado gran éxito en la maestría de las mencionadas tramas intersubjetivas. Siendo una imaginería de alta espectacularidad y delirios universalistas, pocas aventuras de la industria cultural pueden abrogarse tal éxito.

Dada su extensión global y su influencia en los significados intersubjetivos que hacen al cómo se percibe el mundo, parece ser un interesante ejercicio simplemente revisar (a modo de ejemplo) dos divertidos ‘entendimientos internacionalistas’ que forman parte de tal circulante cultural.

#1. De Rusia con amor…

La existencia de una agenda soviética oculta, la recreación de un bloque oriental y la venida de una nueva bipolaridad, son representaciones recurrentes que se asocian a la Madre Rusia. Tal imagen se completa con un festín hilarante de irreverentes personajes rústicos, hardpower, vodka, osos, tanques y AK’s. Todo ello termina delineando los límites de un retrato agreste que rebalsa de dureza.

A la luz de hechos recientes, siendo ‘Ucrania’ el foco de atención, ciertos aires editoriales suelen ser atribuidos a tales sátiras o comedias. Pues las agrestes representaciones sobre Rusia conviven, en casi condiciones de igualdad, con titulares que anuncian los intentos de Putin por reconstruir la URSS.

Tanto para quienes han crecido y se han embebido del esquema de Guerra Fría, como para las generaciones posteriores a la misma; las reminiscencias de la rivalidad Occidente-URSS presentan un atractivo cuasi hipnótico a la hora de explicar el acontecer mundial. No obstante, tres reservas se deberían considerar antes de extender el alcance explicativo de aquellos recuerdos del pasado bipolar.

Para comenzar, resulta útil reseñar la siguiente elocuente y descriptiva frase (rescatada de un igual de elocuente paper): “’Soviético’, ‘imperial’ y ‘zarista’ denotan tres épocas del histórico estado ruso, no tres diferentes estados”.

Tales palabras son presentadas aquí con el propósito de resaltar lo complejo que es realizar inferencias a partir de caracterizaciones de identidades nacionales, pues estas son múltiples y constantemente contrastadas y (re)producidas. Por ello, antes de saltar unidireccionalmente hacia una constante identidad soviética, quizás también sea bueno observar el devenir histórico ruso desde una perspectiva más amplia.

En segundo lugar, y ahora con un tono más romántico, el apego y deseo de expansión por sobre la extensión territorial ha de considerarse más que un fetiche heredado de la era soviética. Desde los artistas clásicos rusos nos llegan algunas pistas de la centralidad de larga data que ocupa la cuestión territorial para el país y su pueblo. Inhóspito y, más de las veces, hostil, el territorio no solo es el escenario de la vida diaria de la nación rusa; también es objeto de introspección y movilizador de la humanidad del hombre. Así que, por qué no agregar algo de literatura clásica a los rústicos retratos sobre Rusia?

Finalmente y simplemente, la Rusia actual no es la Unión Soviética. De hecho, las causas inmediatas del estatismo nacionalista impulsado por Putin, tienen más relación con el escenario de desregularización de la era pos-soviética que con la vuelta a un pasado rojo.

Sin ser una lista exhaustiva o excluyente, las tres cuestiones mencionadas anteriormente son reseñadas con el ánimo de que sirvan como humildes disparadores para la desconstrucción de la imaginería sobre Rusia que nos llega desde el circulante cultural global. Cumpliendo o no con tal propósito, en definitiva ‘Rusia es lo que hagan de ella’.

#2. Kazajistán, más que Borat

Teniendo como supuesta intención original el promover una crítica ácida hacia la cultura norteamericana, la película ‘Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán’, también sirvió en gran medida como introducción del relativamente poco conocido país de Asia Central.

Resultando en un retrato graciosamente grotesco e irreverente, la sátira ávidamente ofrecida por Borat, termina siendo de escaso o nulo valor heurístico para la compresión del país de los kazajos. Terrible infortunio sería si fuera la ácida caricatura presentada en la mencionada película, la que termine sobrepasando a los entendimientos que se mantienen sobre Kazajistán.

Repasando algunos datos sobre dicho país, se tiene que este es el de mayor dimensión territorial y dinamismo económico en la región del Asia Central.

Extendiéndose de forma amplia a nivel geográfico, llega a compartir fronteras con casi todos los demás Estados de la región y, más importante aún, posee límites comunes con dos centros políticos y económicos en ascenso: China y Rusia. De tal forma, Kazajistán presenta un atractivo geoestratégico como punto de conexión para aquella mega masa continental terminológica denominada Eurasia.

Además, Astana también llama la atención por sus importantes reservas de recursos naturales para la producción energética, especialmente petróleo y gas. Con respecto a la exportación de petróleo, Kazajistán con 1.390.000 de barriles exportados por día se coloca en primer lugar en la región de Asia Central.

Si las características de la geografía y economía kazajas no son suficientes para llamar la atención sobre este país, bien podría servir para captar interés, el hecho de que los designios de la globalización lo han acercado hacia Argentina.

A fines del mes de mayo, el canciller argentino, Héctor Timerman, realizó lo fue la primera visita argentina (y latinoamericana) oficial en suelo kazajo. Reunidos en Astana, Timerman y su par local concluyeron una Declaración Conjunta sobre las buenas intenciones compartidas y un acuerdo de supresión de visas para los ciudadanos de ambos países.

Dando más detalles sobre las relaciones entre ambos Estados, la página oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto destaca: “La Argentina se ha transformado en el tercer socio comercial latinoamericano de Kazajstán y existe un enorme potencial de asociación de los campos de la agro-industria y de la agro-ciencia de nuestro país con la aspiración kazaja de convertirse en un importante proveedor del mercado de la Unión Euroasiática, de 170 millones de habitantes”.

Entonces bien valdría la pena el adentrarse a conocer un poco más a este aún relativamente poco conocido país llamado Kazajistán.

La Autora es licenciada en Relaciones Internacionales