Mercosur a las cosas… a las cosas

La cumbre de presidentes del Mercosur dio inicio a una nueva presidencia pro-tempore de Argentina y con ella el desafío de activar la integración.

Entre tanto revuelo por la cuestión de la deuda externa y los fondos buitres, durante el pasado julio se llevó a cabo la Cumbre de Presidentes del Mercosur que casi pasó desapercibida. Si bien es comprensible -dada la sensibilidad de la situación- que los esfuerzos del gobierno y la atención de los medios giren en torno a la consecuencias económicas y políticas derivadas de un default poco convencional, el dato a destacar es que Argentina una vez más recibió la presidencia pro-tempore de la organización y con ella el desafío de activar la integración que desde hace algunos años se encuentra en situación vegetativa.

Sobre la cumbre en sí, no hay mucho que decir, no fue otra cosa a lo que nos tiene acostumbrado la política regional en los últimos años, básicamente una reunión para emitir declaraciones conjuntas, con escasos aportes y definiciones en materia de integración. En términos generales el saldo fue un avance en la unificación de chapa patente y un apoyo a la posición argentina en relación a los hold outs, que vale la pena aclarar, muchos de los que estuvieron allí, ya habían manifestado su apoyo días atrás en la cumbre de la Unasur, y si hacemos un poco de memoria también en junio durante la reunión del G-77.

Más allá de lo valioso que puede representar el apoyo de nuestros socios regionales, la cumbre fue un fracaso para los intereses del Mercosur como bloque económico, que a decir verdad se encuentra encapsulado desde hace algunos años y la voluntad política no parece estar enfocada en salir de este punto muerto. Para ser más gráficos, la cumbre de Caracas fue pospuesta tres veces a lo largo de un año, por indisposiciones de los distintos mandatarios.

Para simplificar el análisis e ir directo al grano. El Mercosur tiene que enfrentarse a dos problemas estructurales, y dado el rol de liderazgo que asume Argentina, estos serán los desafíos sobre los cuales deberá concentrar sus esfuerzos.

El primero de ellos tiene que ver con el funcionamiento interno del bloque. Podemos decir que el Mercosur sufre una crisis de confianza; decisiones incumplidas, plazos no respetados y tensiones crecientes entre los miembros grandes y pequeños, han llevado a ciclos de estancamiento y disrupción, que desencadenaron en una unión aduanera incompleta, donde se registran importantes restricciones a la circulación de bienes y dificultades para la aplicación de un arancel externo común.

Esta situación se hizo más frecuente luego de la crisis económica global del 2008, que en vez de buscar una salida en conjunto, los países impusieron medidas proteccionistas unilaterales generando conflictos al interior del bloque y limitando las posibilidades de avanzar en la integración.

El segundo problema es de tipo estratégico y responde a la pregunta ¿Qué es lo que se quiere lograr con el Mercosur? Si bien el objetivo formal es llegar a un Mercado Común y constituir un bloque económico sólido, los avances parecen estar relegados a la política interna de cada uno de los países miembros y los consensos sobre el fin último de la integración todavía esperan definiciones.

Para ambos casos pareciera que hay una falta de visión estratégica global por parte de los dirigentes. Hoy el mundo se regionaliza y el sistema de comercio mundial está cada vez más fragmentado. Los casos de éxito en este esquema son aquellos que articularon bloques económicos sólidos con un elevado nivel de comercio intra-regional. Son los casos de América del Norte, Europa y el Este Asiático, en donde las exportaciones al interior del bloque superan el 50% del total y en su mayoría son bienes intermedios, es decir que además ostentan un alto nivel de integración productiva. (CEPAL 2013)

Por el lado del Mercosur -también hay que destacar que es una constante en América latina, África y Medio Oriente- la participación de las exportaciones intra-grupo no supera el 15%. Asimismo, salvo la industria automotriz, tampoco se muestra un patrón de comercio basado en cadenas de valor, y se lo asocia más bien, a una estructura vinculada al viejo esquema centro-periferia, en donde se intercambian materias primas por productos industriales.

Teniendo en cuenta lo anterior, una posible solución está en modificar el patrón de integración hacia un esquema de complementación productiva regional que favorezca la interdependencia, disminuyendo los conflictos internos; al mismo tiempo que permita establecer ventajas dinámicas regionales sobre las cuales basar la especialización y aumentar el poder de negociación para acceder a terceros mercados de manera competitiva.

Ante un creciente orden mundial de características multipolares, seguramente las oportunidades vendrán tanto del mundo desarrollado como en desarrollo, tener una maquinaria negociadora a nivel regional es fundamental para establecer al Mercosur como una herramienta de inserción internacional conjunta.

Si bien estos problemas son estructurales y durante el mandato pro-tempore difícilmente se puedan realizar grandes avances,  Argentina deberá tener en cuenta que para comenzar a salir del punto muerto hay que empezar a detectar qué industrias son susceptibles de generar encadenamientos productivos y ofrecer un marco de prácticas que fomenten e incentiven la integración. Las industrias de procesos vinculadas a los recursos naturales es una opción para incorporar tecnología y valor agregado transformando una ventaja estática en una ventaja dinámica.

Otra de las cuestiones que habrá que revisar, son los mecanismos de toma de decisión. Un esquema intergubernamental como el actual, demora el avance y los objetivos siempre parecen estar supeditados a las urgencias internas. Pensar en una estructura supranacional con mayor poder de decisión sobre la complementación productiva y las negociaciones internacionales, es todavía una materia pendiente.

Finalizar la negociación del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea es una oportunidad que se presenta en el corto plazo para comenzar a ordenar estas cuestiones. Si bien la rigidez de la contraparte es uno de las dificultades más importantes, la falta de una propuesta y de continuidad en el equipo negociador del Mercosur, han contribuido al estancamiento de las negociaciones.

El Mercosur tiene mucho potencial y puede elegir entre quedarse en la clásica estructura decimonónica centro-periferia o bien insertarse en una nueva dinámica de las relaciones económicas internacionales basada en cadenas globales de valor. La situación requiere definiciones políticas urgentes y por ello cada cumbre de presidentes es fundamental. Los espacios para declaraciones conjuntas de buena voluntad están en los foros políticos como el Unasur, el G-20 e incluso en la participación conjunta con los BRICS.

Aumentar la confianza entre los miembros y generar un consenso sobre el rumbo de la integración, son las cuestiones básicas que la cúpula de gobernantes debería tratar en cada reunión. Parafraseando al filósofo español José Ortega y Gasset, que en 1939 instó a los argentinos a dejar de lado las cuestiones previas personales, las suspicacias y narcicismos, para abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas, directamente y sin más. Mercosur a las cosas… a las cosas.