Detrás de la OMC

WTO Public Forum 2010

Los límites impuestos por la OMC a la utilización de aranceles u otros instrumentos de política comercial colocan a los países en desarrollo en desventaja y revelan las intencionalidades por detrás de las recomendaciones de los organismos internacionales en materia económica y de política comercial.

El propósito primordial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es contribuir a que el comercio fluya con la mayor libertad posible, sin que se produzcan efectos secundarios no deseables, justificando que ello es importante para el desarrollo económico y el bienestar.

No obstante, la historia económica demuestra que la mayoría de los países que hoy destacamos como desarrollados han sido fuertemente proteccionistas en sus orígenes. Este es el caso de Estados Unidos, donde la aplicación en 1931 de los aranceles Smoot-Hawley -que incrementaron la tasa arancelaria promedio sobre productos manufacturados del 37% en 1925 a 48% en 1930- tuvo una importancia crítica en el desarrollo de determinadas industrias claves (la textil a principios del siglo XX y las del hierro y el acero en la segunda mitad de ese siglo). Hasta mediados del siglo XX, Estados Unidos fue la economía que más creció, siendo al mismo tiempo el país más proteccionista del mundo (Chang, 2004).

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se encontraba en la disputa por el rol hegemónico de la economía global, siendo una de las causas su gran crecimiento industrial. Su lugar preponderante en la estructura de poder dependía de la creación de un nuevo orden mundial capitalista bajo su órbita de influencia, con el dólar como moneda de referencia internacional (moneda de intercambio y de reserva) y basado en el liberalismo económico, para poder lograr sus objetivos geopolíticos y económicos. Estos eran: evitar la aplicación de políticas proteccionistas por parte de los países afectados por la guerra, tal como había ocurrido luego de la primera Guerra Mundial, y colocar su excedente de producción y liquidez a través de exportaciones de bienes y de capital (concesiones de créditos internacionales e inversiones extranjeras directas).

Es por ello que en 1945, en el marco de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas (donde surgieron los acuerdos de Bretton Woods), el Presidente Roosevelt propuso a la comunidad internacional la resurrección de los principios del laissez-faire, elevándolos a la categoría de “reguladores del orden económico mundial”, a través del impulso a la aplicación de políticas de librecambio y libre competencia en el mundo (Orduna Diez, 2006).

Como contestación a la propuesta británica realizada por el economista John Maynard Keynes, Estados Unidos presentó el Plan White (confeccionado por el economista estadounidense Harry Dexter White) que finalmente prospera. Este plan, consolida el señoreaje del dólar y determina la creación de instituciones bajo dominio estadounidense, destacándose el Fondo Monetario Internacional (FMI), la creación de una organización del comercio, entre otros organismos.

Es así que existe un primer intento en 1947, en La Habana, de crear una Organización Internacional del Comercio (OIC) que terminará fracasando. En paralelo, 15 países iniciaron negociaciones encaminadas a reducir y consolidar los aranceles aduaneros, lo cual, dio origen en 1948 al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), contando inicialmente con 23 miembros.

En consecuencia, al fracasar la OIC, el GATT se convirtió en el único instrumento multilateral por el que se rigió el comercio internacional desde 1948 hasta el establecimiento de la OMC, en 1994 en el marco de la ronda Uruguay.

Actualmente, los países en desarrollo miembros de la OMC ven limitada la posibilidad de utilizar aranceles a las importaciones u otros instrumentos de política comercial como herramientas de protección y promoción de sus industrias. Esto los coloca en desventaja frente a aquellas economías desarrolladas tales como Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, que en su etapa de desarrollo industrial aplicaron diversas medidas actualmente consideradas proteccionistas (Chang, 2004).

Por ello, frente a esta necesidad, los países en desarrollo han encontrado en las Licencias No Automáticas (LNA) una alternativa que encuadra dentro del ámbito normativo de instrumentos de política comercial permitidos por la OMC.

Sin embargo, es importante destacar que estos instrumentos no son sólo utilizados por economías en desarrollo, sino también por países desarrollados como Estados Unidos, que aplica las LNA desde 2005.

La OMC establece en sus procedimientos la posibilidad de que los países realicen reclamos, denominados consultas, a otros países, como herramienta prioritaria para resolver las diferencias. En caso de no resolverse las diferencias por medio del dialogo entre los países, se crea un grupo especial que dicta una sentencia, apelable basándose en cuestiones de derecho.

Según informes de la OMC, desde 1995 al 2012 se registraron un total de 129 consultas en referencia a Licencias de Importación, de las cuales, casi un 60% fueron efectuadas por Estados Unidos a otros países. Mientras, Estados Unidos sólo recibió dos consultas: una de Canadá, sobre los procedimientos para el trámite de licencias de importación de sustancias controladas y otra de China, por el sistema de supervisión y análisis de las importaciones de acero, que involucra 750 productos y que en febrero de 2013 fue prorrogado hasta marzo de 2017. Las licencias implicadas en esta última consulta, si bien son de carácter automático, demoran 60 días en ser aprobadas y contemplan una serie de exigencias para el importador (como estar radicado en Estados Unidos). Estados Unidos cuenta con un gran número de licencias de importación que abarcan sectores de energía (gas natural, nuclear), agricultura, entre otros.

Parece ingenuo pensar que la OMC haya construido estos instrumentos sin advertir que podrían ser utilizados como barreras para-arancelarias. El trabajo publicado por Heyn y Moldován en el libro “Ensayos en honor a Marcelo Diamand” ,en 2011, destaca cómo el número de Licencias No Automáticas se ve incrementado a partir de la crisis internacional de 2009, tanto para países en desarrollo como desarrollados.

Argentina no ha sido la excepción, y ha aplicado diversos instrumentos de protección comercial con mayor énfasis a partir de 2006, aumentando la cantidad de sectores involucrados luego de la crisis internacional. A finales de 2012, Argentina deroga todos los regímenes de LNA a través de la Resolución N° 11 de Enero de 2013, excepto el Certificado de Bicicletas (quedando en vigencia sólo el régimen de Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación – DJAI).

A pesar de los argumentos negativos que la OMC pregona sobre los instrumentos de política comercial, como las LNA, estudios preliminares de la autora (en el marco de la tesis de maestría en Relaciones Económicas Internacionales de la UBA “El impacto económico de las LNA en Argentina”, durante el periodo 1999-2012) develan que la aplicación de aquellas en la Argentina ha tenido un efecto económico positivo en el sector de Fabricación de Muebles (según datos estadísticos obtenidos del Centro de Estudios de la Producción – CEP),existiendo indicios de que la aplicación de las LNA desde el 2009 ha disminuido el impacto negativo de la crisis internacional, mientras que el aumento previo de las importaciones (de 2006 a 2007 se incrementaron un 56%) amenazaba la producción del sector.

La crisis internacional impactó en la economía disminuyendo las importaciones totales. No obstante, la recuperación en 2010 fue inmediata pese a que las importaciones del sector muebles sufrieron una caída más pronunciada y continuaron en baja hasta el 2012. Esto permitió al sector, a partir del segundo trimestre del 2009, recuperar el crecimiento de la producción, mantener el empleo, aumentar la productividad por obrero e incrementar las horas trabajadas.

El análisis realizado, invita a una nueva lectura acerca de a qué intereses responde la sentencia dictada contra la Argentina y a favor de los reclamos presentados por Europa, Japón y Estados Unidos. Permite, por un lado, entender y conocer las intencionalidades de las instituciones internacionales para que ello aporte lucidez a la hora de interpretar las recomendaciones que brinda la OMC en materia económica y de política comercial y, por otro, brinda herramientas para comprender que sólo nosotros como nación y Estado soberano debemos decidir y encontrar nuestro propio sendero de desarrollo.

Bibliografía

Chang, H. J., (2004) “Pateando la escalera”,  pp. 71.

Diez, O., (2006), “Las ideas de Keynes para el orden económico mundial”. Universidad Complutense de Madrid

Heyn, I. & Moldován, P., (2011), “Ensayos en honor a Marcelo Diamand: La política comercial en las Estructuras Productivas Desequilibradas: el caso de las licencias no automáticas de importación”.

La autora es Licenciada en Comercio Internacional por la Universidad de Luján y Redactora de AR Internacional