El valor del Parlasur

El Mercosur no debe funcionar sólo por la voluntad de los dirigentes –está demostrado que no alcanza–; debe funcionar porque representa un incremento en el bienestar de los ciudadanos.

Un aspecto destacado de la contienda electoral de octubre es que será la primera vez que los argentinos elijamos de forma directa a los miembros del Parlamento del Mercosur. La figura ha llamado la atención al cierre de las listas, tanto por su uso político como por el desconocimiento en gran parte de la sociedad.

El Parlasur es el órgano legislativo del bloque. Si bien su actividad es meramente recomendatoria, representa los intereses del pueblo de los estados miembros.

La novedad radica en que Argentina ha internalizado la norma mediante la cual los parlamentarios son elegidos por sufragio directo y adquieren el mismo régimen que los diputados y senadores a nivel local, ante este escenario se barajan distintas posibilidades en relación con los fueros y con los ingresos percibidos.

Para algunos, la candidatura a la asamblea es un premio o la posibilidad de arrastrar votos, mientras que para otros un lento descenso al ostracismo político.

Más allá del manejo y los posicionamientos de cada candidato, que los habitantes del Mercosur puedan elegir sus representantes en el bloque es una buena noticia en términos institucionales.

La asamblea legislativa es un buen comienzo para promover una estructura supranacional –es decir, independiente de los gobiernos de turno–, que permita consolidar los avances en la integración y garantice el cumplimiento de las normas regionales, no solo las impuestas por el grupo del mercado común, sino también aquellas que eventualmente derivarán de la voluntad popular.

No obstante, para entender por qué es importante la consolidación institucional y cómo el parlamento contribuye a ello, hay que tener en cuenta las deficiencias del bloque, pero también conocer cuál es el objetivo de la integración,  por qué los países se sienten motivados a integrarse. De otro modo, esta discusión no tendría sentido.

Para que avance

No es una novedad el estado de parálisis en el que se encuentra el bloque, desde hace varios años; sobre todo después de la crisis económica internacional de 2008, se verifican importantes fallas funcionales, o sea, restricciones al libre comercio y excepciones al arancel externo común.

Pero no se agota en estos factores: el Mercosur se ha convertido en un foro intergubernamental que avanza a medida de la buena voluntad de los dirigentes de turno. En este sentido, se puede advertir que en cada cumbre presidencial son numerosas las declaraciones y pocas las acciones que los equipos técnicos pueden llevar a cabo entre períodos.

Esto demuestra que no sólo las cumbres son las que marcan el ritmo de la integración, sino que también el humor político en el interior de cada Estado, en donde los aspectos sensibles de la integración y los que representan mayor pérdida de autonomía son relegados de la agenda.

La crisis política que atraviesa Brasil y las urgencias económicas de Argentina, por poner ejemplos significativos actuales, impiden que se logren avances importantes en integración productiva, en la coordinación de la política comercial y en alcanzar una estrategia conjunta de política exterior.

Más bienestar

Ahora bien, el Mercosur no debe funcionar sólo por la voluntad de los dirigentes –está demostrado que no alcanza–; debe funcionar porque representa un incremento en el bienestar de los ciudadanos.

Si desde el llano se experimentan los beneficios de la integración, la lectura política puede dar un giro significativo, pero mientras el pueblo se mantenga apático, es factible que la situación se convierta en una parálisis estructural.

Las bondades del mercado común están asociadas a la capacidad de generar relaciones sociales y productivas interdependientes, es decir, articular en territorio cadenas regionales de valor que permitan dar un salto cualitativo a la producción local, que integre conocimientos y especialización e incorpore a pequeñas y medianas empresas. Esto se traduce en mayores ingresos, empleo calificado y la posibilidad de alcanzar terceros mercados con productos más sofisticados.

Las relaciones entre unidades subnacionales son fundamentales para crear un marco de prácticas cooperativas que alienten las inversiones y los encadenamientos productivos.

Contrastes

Respecto de las motivaciones, el contexto internacional marca una tendencia, las regiones más dinámicas y desarrolladas del planeta como Norteamérica, Europa y el este asiático muestran un elevado nivel de integración productiva y bloques consolidados. De hecho, cada vez más los acuerdos se dan entre bloques y no entre países aislados, como es el caso de los tratados megarregionales.

Hoy estos contrastes se observan en la negociación del Mercosur con la Unión Europea para alcanzar un tratado de libre comercio; al no ostentar una integración funcional y no tener incentivos a escala, es muy complejo articular una propuesta conjunta en el plano regional.

Los riesgos de la negociación a dos velocidades –negociar por separado– pueden recaer en una importante pérdida de mercados para nuestras exportaciones y una condena a seguir en el viejo modelo centro-periferia, exportando commodities y dejando nuestra competitividad en manos de los precios internacionales y el tipo de cambio, como en África o Medio Oriente.

Si se quiere dar un salto cualitativo en el desarrollo, la integración es una herramienta clave. La generación de mecanismos de interdependencia por parte de los actores sociales y productivos, sumado a la coordinación entre las políticas nacionales, debe dar un marco para la consolidación de una estructura institucional que supere las vicisitudes coyunturales y permita consolidar una visión estratégica de largo plazo.

“La organización vence al tiempo”, supo decir Juan Domingo Perón a los gobernadores, quizás este consejo del general también funcione para el Mercosur.

Es probable que la tarea de los próximos parlamentarios no sea del todo clara y nadie garantiza que su desempeño de entrada sea exitoso ni mucho menos que sea eficiente. Sin embargo, el desafío es importante, dar voz a los intereses del pueblo que son y deben ser los principales favorecidos, porque la integración es una herramienta a su disposición para actuar en un mundo globalizado cada vez más interdependiente.

El autor es Presidente de la Fundación Centro de Estudios Internacionales Contemporáneos

Nota publicada en el Diario La Voz del Interior el día 09/07/2015