Más allá de Davos, los desafíos internos ante un nuevo orden productivo global

Entre los días 20 y 23 de este mes, se llevó a cabo Davos, Suiza, la reunión anual del Foro Económico Mundial, organización que nuclea a los principales actores de la política y la economía global con la misión de mejorar la situación del mundo y fortalecer la cooperación público- privada.

Como todos los años desde 1991, los principales lideres políticos y empresariales, así como también periodistas e intelectuales destacados, se reúnen para analizar y debatir sobre los principales desafíos que enfrenta la sociedad global. La temática para esta edición estuvo vinculada a lo que se denomina la cuarta revolución industrial, en referencia a los avances tecnológicos que reestructuran los medios de producción, especialmente ante los modos de robotización y digitalización que podrían modificar la estructura del empleo y el desarrollo a nivel global.

Para nuestro país, el dato sobresaliente fue la participación de la  comitiva oficial compuesta por el presidente Mauricio Macri y sus principales colaboradores, entre los que se destacaron, el Ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay y la Canciller Susana Malcorra. También estuvo presente Sergio Massa en calidad de líder de la oposición. La comitiva argentina despertó gran interés en la mayoría de los asistentes dado que hacía 13 años que un primer mandatario nacional no participaba en la cumbre, el último fue Eduardo Duhalde en 2003.

Con una agenda muy apretada, que incluyó reuniones con jefes de estado, empresarios y funcionarios de diverso rango,  el objetivo principal del equipo gubernamental fue dar un mensaje al mundo sobre el cambio en la política argentina y generar acuerdos para atraer inversiones a nuestro país, idea que está presente desde la campaña presidencial y se plantea como uno de los imperativos que debe sortear este gobierno para lograr una dinámica de crecimiento sostenido.

En los papeles, la expedición a Davos fue muy auspiciosa, el equipo argentino logró enviar un mensaje al mundo y se prometieron inversiones por algunos miles de millones de dólares, también se progreso en las relaciones bilaterales con Estados unidos y Gran Bretaña, aunque con resultados discutibles sobre los temas clave de la negociación con los Fondos Buitres y el conflicto de Malvinas, respectivamente.

Mas allá del relativo éxito, queda un interrogante que es válido poner en cuestión y que trasciende los efectos de la cumbre: en caso de atraer los fondos que se buscan, ¿estamos en condiciones de dar un salto cualitativo en el desarrollo de nuestro país?

En un proceso de transición gubernamental y luego cierto agotamiento del modelo económico anterior, existen cuestiones a solucionar en el corto plazo y que tienen que ver con el ordenamiento de la economía y generar un marco de políticas previsibles que permita las condiciones para atraer capitales, al tiempo de adaptarse a la situación de una economía global interdependiente.

En la actualidad, el mundo que enfrentamos está atravesando una dinámica coyuntural difícil, aquellas variables que anteriormente nos habían favorecido hoy tienen perspectivas negativas: los precios de los commodities se encuentran en baja, los países emergentes que habían traccionado el crecimiento mundial en los últimos años se encuentran en franca desaceleración, con especial consideración en nuestros principales socios comerciales Brasil y China.  A estas cuestiones se suman la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, que puede llegar a encarecer el financiamiento y la baja en el precio del petróleo que ha sacudido los mercados mundiales luego de años de relativa estabilidad y que aun no se conocen con exactitud sus consecuencias políticas y económicas.

Sin embargo, la lectura de la situación actual y la adaptación de las políticas a un contexto global turbulento no son suficientes para alcanzar una dinámica de crecimiento con perspectivas de largo plazo. En este sentido no pueden ser dejadas de lado las tendencias profundas que dan forma al mundo en que vivimos y se constituyen como las bases estructurales del sistema internacional.

Lo que denominan la cuarta revolución industrial es uno de los factores que hay que tener en cuenta para proyectar una planificación de inversiones, especialización y desarrollo en el largo plazo. Históricamente los avances tecnológicos originados por oleadas de innovación han moldeado una estructura de ganadores y perdedores ante la adaptación a los sucesivos paradigmas de producción, modificando los patrones de desarrollo y consecuentemente las relaciones sociales en su conjunto.

Saber interpretar estas dinámicas y promover políticas en consecuencia,  implica decidir qué lugar se quiere ocupar en ese nuevo esquema global. Nuestro país no ha tenido un buen desempeño en la adaptación temprana a los nuevos paradigmas, lo que dejo como resultado una estructura heterogénea que mezcla sectores de alta y baja productividad, con predominio de los sectores primarios y una fuerza laboral escasamente integrada al mundo.

Definir la prioridades y sectores de la inversión extranjera directa, junto a la complementación de de las capacidades locales en sectores estratégicos es la condición de mínima para avanzar en un efectiva integración a la economía global.

Ahora bien, para  salir de la perspectiva de corto y mediano plazo y ser competitivos en un nuevo orden productivo mundial, hay dos desafíos internos adicionales que se encuentran por encima y por debajo de la estrategia y políticas macro que debemos tener en consideración.

Por encima, es fundamental la capacidad de la sociedad para generar concesos amplios, es decir, un conocimiento tácito en la mayoría de los habitantes argentinos sobre el rumbo del desarrollo y el país que queremos ser. Esto otorga coherencia a la políticas publicas, facilita la negociación domestica y promueve una solida estrategia internacional.

Por debajo, es necesario lograr interdependencia entre los  sectores que conformar el tejido social de nuestro país, es decir la complementación estratégica y el alcance de los roles que ocupan el Estado, el sector privado y la universidades. Esto es clave para incorporar las demandas sociales a las políticas públicas, alcanzar mayor eficiencia en el desempeño empresarial y basar el modelo de desarrollo en una sociedad del conocimiento.

La participación del presidente en una cumbre de esta naturaleza es una señal saludable, sin embargo, no solo se trata de dar un mensaje, nuestro país necesita de decisiones acertadas en tiempo y forma, y el cambio no es solo en la política, debe haber un cambio en el sistema y eso nos interpela y nos compete a todos como sociedad.

 

Nota Publicada en el Diario La Voz del Interior el dia 23/01/2016
El autor es Profesor titular de Economía Política Internacional (US21), presidente de la Fundación Centro de Estudios Internacionales Contemporáneos