Por qué invertir en Industrias Culturales y Creativas

El mundo está comenzando a valorar todas las actividades intensivas en conocimiento, creatividad, diseño, y son precisamente éstas las características que atraviesan todas las Industrias Culturales y Creativas.

Estas industrias se entienden como “aquellas que combinan la creación, la producción y la comercialización de contenidos creativos que sean intangibles y de naturaleza cultural. Estos contenidos están normalmente protegidos por el derecho de autor y pueden tomar la forma de un bien o servicio. Incluyen además toda producción artística o cultural, la arquitectura y la publicidad” . Se debe resaltar el carácter creativo, no sólo como aspecto simbólico, sino también económico.

En este sentido surge el paradigma de la Economía Naranja como elemento clave para comprender la necesidad de fomentar el desarrollo de este sector. Según lo que propone Buitrago Restrepo y Duque Marques (BID, 2013) hace referencia al “conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual. El universo naranja está compuesto por: i) la Economía Cultural y las Industrias Creativas, en cuya intersección se encuentran las Industrias Culturales  convencionales; y ii) las áreas de soporte para la creatividad”

Aquí es donde debemos comprender el carácter multisectorial de esta industria, por un lado su aspecto cultural, siendo claves para la reproducción de contenido simbólico social y como mecanismo de expansión cultural de una nación, mientras que por otro lado su carácter Económico Industrial obliga a pensarlas como un sector productivo, que a pesar de sus particularidades, debe ser fomentado con Políticas Públicas e inversión privada.

Es en este sentido que  se encuentran en estrecha relación con diversos sectores de la sociedad debido a su carácter multidimensional que involucra aspectos económicos, sociales, industriales con los que debe convivir y desarrollarse. El desarrollo de las mismas implica la interacción productiva con sectores productivos en principio considerados ajenos.

Se pueden considerar dos datos fundamentales para comprender la importancia del sector. En primer lugar, si bien datos que ya poseen una década no menos importantes, en la “Declaración de São Paulo Sobre la Cultura en el Desarrollo y la Integración de América Latina” El Parlamento Latinoamericano reunido en su primera conferencia interparlamentaria de cultura, en São Paulo, Brasil, durante los días 21 y 22 de octubre de 2004, reconoció que “la cultura es el marco de todas las actividades humanas, a la vez causa y consecuencia de las mismas, pero que para efectos de la planificación del desarrollo y de la integración, además de su carácter transversal también debe ser considerada como un sector. En este sentido, recomienda que los gobiernos destinen cuando menos el 1% del PIB a las inversiones en dicho sector, con la perspectiva de aumentar progresivamente las asignaciones”.

Ahora bien, esta necesidad de invertir en el sector cultural no sólo se justifica en términos de producción y reproducción de la idiosincrasia de una Nación, sino que la creación de puestos de trabajo y el crecimiento económico que genera es sin lugar a duda uno de los mayores incentivos. Por ejemplo tras la sanción de la Ley Rouanet en Brasil “llevó el monto de los aportes en cultura de 14 millones a 270 millones de reales entre el 94 y el 98. (…) Cada millón invertido creó 160 empleos”.

Otro dato que podemos citar son los réditos económicos que generan estas industrias limpias y que han sabido aprovechar muy bien a lo largo del mundo. Como ejemplo el caso francés donde “el volumen de negocio directo de la industrias culturales y creativas (ICC) en Francia asciende a 61.400 millones de euros frente a los 60.400 millones que genera el sector automovilístico y los 52.500 en el caso del lujo, según el estudio realizado por el gabinete EY (ex-Ernst&Young) que se basa en datos de 2001” .

Pero no sólo los ejemplos se extienden a lo largo del mundo, sino que en los últimos años la producción de contenidos audiovisuales realizados en la Argentina y en particular en la Ciudad de Buenos Aires, se posicionó internacionalmente por su calidad, originalidad y creatividad, registrando un importante crecimiento en cuanto a la colocación y presencia de sus productos en los mercados externos (latas y cada vez más formatos y servicios de producción). También nuestro país se posicionó como un referente en cuanto a producción cinematográfica, publicitaria y diseño de animaciones gráficas.

De acuerdo con datos elaborados por el Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires (OIC) durante el año 2007, el sector audiovisual representó el 26,3% del total de empleos generados por la industria creativa en la Ciudad, equivalentes a 36.523 puestos de trabajo sobre un total de 138.7033. Se trata de los valores más altos de los últimos 12 años, duplicando el nivel del año 1996. Del mismo modo, la evolución del valor agregado del sector audiovisual a precios constantes creció 62% desde 2003.

Este crecimiento se enmarca en la expansión que tuvieron las industrias culturales a nivel nacional en los últimos años. De acuerdo con el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) (2009), el PBI de las industrias culturales más relevantes (sectores editorial, audiovisual y fonográfico) experimentó en 2007 su cuarto año consecutivo de crecimiento y representó casi el 3% del PBI nacional, equivalente a $ 10.693M.

Bajo este contexto, en los últimos 5 años, en Córdoba, se han producido 18 largometrajes y 28 proyectos de televisión (documentales y ficcionales) que fueron muy bien recibidos en festivales y mercados nacionales e internacionales como MIPCOM, NAPTE, FYMTI, VENTV, Nuevas miradas, Cannes, Berlín, Rotterdam, BAFICI, Mar del Plata, por nombrar algunos, además de una gran cantidad de cortometrajes publicitarios, sector en el que Córdoba se mantiene como el segundo productor de nuestro país por detrás de Buenos Aires.

En estos años la actividad audiovisual generó más de 1500 puestos de trabajo directamente relacionados a la actividad, sin contar el mencionado derrame sobre otras actividades como el transporte, la hotelería, los servicios gastronómicos, alquiler de inmuebles para locaciones, entre otros.

Queda a la vista que el talento es un valor fundamental en el mundo globalizado. Es también un insumo muy importante y para nada escaso en la provincia de Córdoba. De este modo las políticas estatales deben focalizarse en incluir a las Industrias Culturales y Creativas como un sector económico, aunque con sus particulares características, y fomentar el desarrollo de las mismas no sólo con auspicio del sector público, sino también involucrando actores de carácter privado con programas innovadores como “Responsabilidad Cultural Empresaria”. En este sentido deben considerarse además las Políticas Culturales como iniciativas en torno a conseguir objetivos múltiples que abarquen sus esferas de convivencia pero que a su vez generen un rédito desde el punto de vista del desarrollo local, permitiendo dar inicio al camino de la sustentabilidad económica: “se considera importante plantear y medir el “retorno” de las plusvalías que la cultura contribuye a generar en clave de “desarrollo cultural”, un retorno que, a su vez, vendría a garantizar la sostenibilidad del propio sistema cultural ”.

El autor es Licenciado en Relaciones Internacionales (UCC).