España: cae la desocupación, pero no hay empleos de calidad

Los últimos datos del Ministerio de Economía y Competitividad español muestran una baja en el desempleo, pero esto no se condice con la creación de empleo de calidad. Los contratos efímeros y la rotación de trabajadores alcanza cifras que “rozan lo absurdo”

Durante mayo, en España se produjo la mayor caída mensual del desempleo registrado desde 1996, con casi 120.000 personas que salieron de las listas de desempleo, quedando la cifra en 3.891.403 personas. Por primera vez en los últimos seis años el desempleo baja la barrera de los cuatro millones. En esta misma línea, y siguiendo los últimos datos publicados por el Ministerio de Economía y Competitividad, la creación de empleo creció 0,9% en el trimestre y 3,2% respecto de hace un año. La reducción de los afectados por la gran problemática española de la desocupación robusteció y mejoró las perspectivas de la economía. Pero conviene no quedarse en la simpleza de unas cifras que tiene muchas matices a su alrededor, y en absoluto favorables.

Primero porque estas cifras deben ser ratificadas por la Encuesta de Población Activa que perfila de forma más coherente el número de personas que no tienen trabajo, más allá de que estén o no registradas en las oficinas de empleo. Pero sobre todo porque una baja del desempleo (o paro, para los españoles) por sí misma dice poco de la situación del mercado laboral español, en un escenario de recorte de las condiciones laborales y económicas impuestas por una reforma laboral que está dejando una profunda huella y de difícil recuperación en el acceso al empleo de calidad. Contratos efímeros y de cuantías ridículas salpican los procesos de captación de trabajadores, con rotaciones que –como reconoce las entidades gremiales (CCOO)– rozan lo absurdo: en el último año se registraron 24,4 millones de altas en la seguridad social y 24 millones de bajas.

La tasa de cobertura que recoge el porcentaje de desempleados con prestación, apenas llega al 52%, cuatro puntos menos que un año antes. Es decir, hay más desocupados sin exceso a las coberturas sociales, perdiendo terrenos cada vez más el esquema de cobertura social que tanto caracterizó al modelo social demócrata europeo. Ganan peso las formas de contrataciones temporales y a tiempo parcial, lo que impide consolidar un modelo económico sostenido por el consumo que ayudaría a recuperar la economía. De esta forma en España, como en otros países de Europa, el acceso al trabajo ya no es sinónimo de abandonar situaciones de pobreza.

La contratación precaria no debería ser el recurso para reducir las cifras de desempleo, por más que ante un mes electoral al Gobierno en funciones le sirva para incidir en su mensaje de recuperación económica y para alertar de los riesgos persistirán si se mantiene el modelo laboral actual.

La tasa de desocupación europea, que se mantiene en dos dígitos, pone en jaque la sostenibilidad de los modelos económicos y, como sucede en España, se traslada a la arena política y social. Esta actualidad, contextualizada en la denominada “segunda era de las maquinas” a partir del célebre trabajo de dos economistas de Oxford (cfr. Frey y Osbourne), que estimaron que el 47% de las ocupaciones en EE.UU. eran vulnerables al reemplazo por robots o programas digitales, y que según un informe del Banco Mundial (un tanto arbitrario y probablemente desactualizado, pero útil como guía cualitativa) se agrava en países subdesarrollados. En la Argentina, por ejemplo, el número supera el 60%, algo esperable si pensamos que los trabajos más robotizables son aquellos de calificación media y baja y formación rígida y tradicional.

Este proceso, que en toda Europa se encuentra en pleno auge es quizás unas de las principales razones por las cuales las tasas de desocupación se encuentran entre las más altas históricas. España, por su parte, lejos de ser la excepción, con un déficit que preocupa a la eurozona y un crecimiento económico poco robusto deberá analizar una vez resuelta la contienda electoral de qué manera afrontará esta crisis del desempleo.

Fuente: El Economista

El autor es economista, magister de Política y Gestión de CyT (UBA) y miembro de Fundación CEIC