Brexit: La costosa decisión de salir

Juan Manuel Rizzo

A fines de marzo de 2017 la Primer Ministro Británica, Theresa May, firmó la carta dirigida al Presidente del Consejo Europeo en la que le notifica la intención del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de abandonar la Unión Europea. May da cumplimiento así a los deseos de la mayoría del pueblo británico expresados en las urnas a mediados del año pasado, cuando a través de un ajustado referéndum decidieron salir de la Unión Europea, el proceso de integración política y económica más avanzado y desarrollado del mundo.

Desde el punto de vista económico, resulta imperativo para el Reino Unido la negociación de un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Sucede que una vez fuera de la Unión, y sin un acuerdo de libre comercio, deberán comerciar en los términos de la Organización Mundial de Comercio. Es decir, los productos y servicios británicos tendrán que competir con los productos de terceros países en igualdad de condiciones por el acceso al mercado europeo.

No debe perderse de vista que la Unión Europea es una de las mayores economías del mundo, representando algo más del 20% del PIB mundial, y es por lejos el mayor socio comercial del Reino Unido. Según datos de la OMC, en 2015 el 43,8 por ciento de las exportaciones de mercancías y el 37,2 por ciento de las exportaciones de servicios de Gran Bretaña tuvieron como destino a la UE.

Por otro lado, el panorama es también incierto desde el punto de vista político. Ocurre que, el Reino Unido es una unión de países, y las partes constitutivas del reino votaron de manera heterogénea: mientras en Inglaterra y Gales ganó la opción a favor de salir de la Unión Europea, la mayor parte de la población de Escocia y de Irlanda del Norte votó a favor de permanecer en la Unión. Esta situación plantea un serio problema, la posibilidad de que éstas regiones mayoritariamente “pro Unión Europea” y donde existen importantes sectores nacionalistas, vean en la independencia de Escocia o en la reunificación de Irlanda, una manera de continuar en la UE.

Si bien los escoceses dijeron “no” a la independencia en un referéndum celebrado en 2014, luego del resultado de la votación que definió el Brexit, Nicola Sturgeon, Ministro Principal de Escocia declaró que se iniciarían los procedimientos legales para convocar a un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia.

Por otra parte, en Irlanda del Norte, donde una parte significativa de su población se siente “más irlandesa que británica”, los sectores nacionalistas o republicanos vienen pregonando por la unificación de Irlanda desde el momento mismo de la partición de la isla. Si bien sondeos anteriores mostraban que todavía se estaba lejos de que la mayoría de los habitantes se manifestara a favor de la reunificación de la isla, el resultado del referéndum parece haber modificado el escenario, volviendo a la reunificación de Irlanda en una alternativa para permanecer en la Unión Europea.

Al respecto, hacia fines de abril, los líderes de los 27 países restantes de la Unión aprobaron una declaración por medio de la cual se reconoce que de producirse la reunificación de Irlanda, la totalidad del territorio de la “Irlanda unida” será automáticamente parte de la Unión Europea.

En definitiva, si bien la profundidad y el grado de las posibles implicancias de la decisión británica dependerán de la forma y los términos en que la salida se lleve adelante, las consecuencias pueden ser significativas planteando la posibilidad de un elevado costo para el Reino Unido.

 

juan-manuel-rizzo-1El autor es Licenciado en Economía (UBA) y candidato a Magíster en Relaciones Económicas Internacionales (UBA). Realizó estudios de postgrado sobre Conflictos Internacionales en la UNLP. Desarrolló actividades académicas referidas a la cooperación transfronteriza entre la Unión Europea y sus regiones y el Proceso de Paz en Irlanda (Trinity College Dublin, Dundalk Institute of Technology, Eastern and Midland Regional Assembly) (Centre for Crossborder Studies).