Una oportunidad para pensar el largo plazo

Federico Trebucq

A pocos días de haber comenzado las actividades correspondientes al Ciclo de “Discusión y Debate 2017: Competitividad y Desarrollo Económico. Un Desafío local para Córdoba”considero oportuno realizar algunos comentarios que pueden contribuir a resaltar la importancia de un espacio de interacción entre el sector público, empresarial, académico y la sociedad civil, para pensar el desarrollo de la Provincia de Córdoba en un contexto globalizado.

En primer lugar me gustaría enfocarme en el objetivo material que tiene este programa, que es consensuar una “agenda de largo plazo para el desarrollo económico de Córdoba”. Esta agenda implica poner en cuestión una serie de temas vinculados a las formas en que nuestra sociedad se organiza para mejorar la productividad y garantizar el empleo en un contexto global interdependiente. En otras palabras, es una agenda de ideas que indaga de qué manera podemos ganar en competitividad y garantizar la gobernabilidad en un mundo complejo y dinámico.

Un elemento central de esta agenda es el denominado “largo plazo” demandado por la mayoría de todos los actores que de alguna manera se preocupan por el bienestar de la sociedad, y a pesar de ello, es una condición que todavía se muestra esquiva. Una hipótesis, es que quizás el error está en que siempre se ha visto como una meta, como un “deber ser”; mas no como el resultado de una continuidad.

En este sentido, pensar el largo plazo implica alcanzar un equilibrio con todas las escalas temporales, es decir que nuestras políticas y estrategias que apuntan a horizontes más urgentes tienen que estar integradas en una visión sostenible, en donde los beneficios adquiridos son consecuencia de la mejora incremental en las prácticas gubernamentales y empresariales, por la acumulación de conocimiento y especialización, y porque cada vez sea mayor la cantidad de personas que tengan acceso a las oportunidades que brindan actividades de mayor valor agregado.

Dadas las condiciones estructurales de la economía nacional, el dinamismo y volatilidad del escenario externo, sumando una coyuntura política turbulenta,  es comprensible que las agendas de trabajo estén enfocadas sobre las cuestiones urgentes. En la misma línea, también es importante entender que sin solucionar las cuestiones urgentes, no hay idea de largo plazo que sobreviva.

¿Cómo salimos de esa trampa? Las respuesta no es innovadora, porque tampoco requiere de mayores fórmulas, sino que exista una idea compartida, coherente y legitimada sobre cuál debe ser el rumbo a seguir. Ante un escenario fragmentado y divergente de proyectos o modelos de desarrollo, lo que debe ser innovador, son las formas en que llegamos a esos consensos.

En segundo lugar, quiero abordar el objetivo conceptual del Ciclo, que es el “desarrollo en un contexto globalizado”. Si bien las definiciones abundan, en tanto el desarrollo debe ser considerado un “proceso” al cual se le han ido incorporando elementos a medida que la sociedad adquiría un carácter más complejo,  existe consenso en caracterizarlo a través de los siguientes elementos: i) crecimiento económico sostenido y distribución equitativa de la renta, ii) aprovechamiento racional de los recursos naturales y  protección ambiental, iii) fortalecimiento de los elementos indentitarios de una sociedad.

La amplitud en el concepto de desarrollo expone un fuerte componente subjetivo, lo que implica que la dimensión en la que se llevan a cabo las actividades económicas requiere un patrón de organización social en el cual todos los actores puedan converger a los fines de alcanzar las metas propuestas.

Sin embargo, el consenso amplio sobre un objetivo y la capacidad social de perseguirlo, implica tomar decisiones sobre cuáles serán los sectores que resultarán beneficiados y cuáles resultaran perjudicados ante los cambios en la estructura productiva global,  y en las formas de mejorar la productividad y la competitividad.  Definir qué políticas y estrategias son las adecuadas para amortiguar esos impactos y de qué manera los recursos son reasignados hacia aquellos puntos en donde pueden ofrecer los mejores rendimientos, es una tarea que solo puede ser asumida a través de la cooperación y la interdependencia.

Para alcanzar esas políticas y estrategias el equilibrio entre economía y política es fundamental. El debate sobre que viene primero y que viene después es, a la urgencia por solucionar nuestros problemas, absurdo. Por un lado las decisiones económicas se toman a través de mecanismo políticos sean o no gubernamentales,  y no podrían existir sin el marco regulatorio que promueva reglas del juego claras, por otro, la política encuentra su razón en la administración de los recursos y en la distribución de la riqueza. Son factores que se influencian mutuamente.

Por último, me gustaría enfocarme en el contexto global, dado que no podemos pensar el crecimiento económico y el desarrollo de nuestras capacidades de manera aislada. La conexión en la economía global es cada vez mayor, incluso ante presiones proteccionistas, la conectividad de las empresas y de las sociedades trascienden gobiernos y fronteras.

Las tendencias productivas y de cambio tecnológico deben ser incorporadas a las estructuras locales y eso se logra a través de un entendimiento de las dinámicas de la globalización y de la creación de nuevos paradigmas productivos y posicionamiento. A las puertas de una nueva revolución industrial, identificar los principales vectores que re-configuran los determinantes de crecimiento y bienestar, debe ser una condición ineludible en cualquier iniciativa que busque consolidar un proceso de desarrollo local.

Atendiendo a estas premisas la Fundación CEIC, junto a la Secretaría de Integración Regional y Relaciones Internacionales del Gobierno de Córdoba, la Bolsa de Comercio de Córdoba y la Universidad Siglo 21,  brindan la coordinación para que las instituciones que participan del proyecto y los especialistas que llevaran a cabo los debates puedan no solamente encontrar un espacio en el cual volcar sus ideas, sino también darle continuidad.

El resultado material puede ser solo una excusa  para sistematizar un conocimiento codificado, pero el aporte más significativo del CDD es contribuir a un conocimiento Tácito, es decir a una práctica social articulada a través de  normas y valores comunes que originan el capital humano que estructura las relaciones productivas de manera eficiente.

El Ciclo de Discusión y Debate se fue gestando a la luz de jóvenes profesionales en Relaciones Internacionales, Ciencia Política y Economía que además de buscar influir en las políticas y estrategias de internacionalización y desarrollo, es el reflejo de una obligación generacional que tiene como misión integrar sectores, abordar las problemáticas locales con una perspectiva sistémica y globalizada, y fundamentalmente construir el largo plazo, no como meta, sino como el reflejo de la sostenibilidad de nuestras acciones cotidianas.

El Autor es Presidente de la Fundación CEIC y Profesor de Economía Política Internacional (UES21)