La implementación de la Agenda 2030 – Objetivos de Desarrollo Sostenible

Paula Mensio

En septiembre del año 2015, en el marco de la Cumbre Mundial de Desarrollo, la totalidad de los países miembros de Naciones Unidas firmaron el documento titulado “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” que entró en vigencia en enero de 2016. A un año y medio de su puesta en marcha resulta pertinente o por lo menos interesante pensar qué rol nos toca cumplir como actores en este país y en esta ciudad.

El enfoque acordado por los países hace especial hincapié en la responsabilidad personal que tenemos quienes habitamos el mundo ahora y para con las futuras generaciones. La necesidad de sentir como propios a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y a sus 169 metas se hace evidente a la hora de entender que el cambio es posible sólo a través de una red interdependiente de todos los actores sociales con acciones articuladas.

En julio de este año, se llevó a cabo el Foro Político de Alto Nivel de Naciones Unidas en donde se presentaron revisiones voluntarias con el objetivo de dar seguimiento y revisión a la consecución de las metas, el cual contó con la participación de más de 40 países, entre ellos Argentina. El Consejo Nacional de Coordinación para el Progreso Social, presentó el informe de avance a las Naciones Unidas a cargo de Gabriela Agosto, Secretaria Ejecutiva del Consejo, en el cual se destacó el rumbo hacia la apropiación e institucionalización de la Agenda 2030 por parte de Argentina.

Al realizar una mirada general sobre los múltiples aspectos discutidos a nivel internacional y específicamente en el Foro, se destaca, que en orden de garantizar procesos para la implementación de la Agenda 2030 y su sostenibilidad en el tiempo, existe la necesidad de llevar a cabo las siguientes cuestiones mínimas.

En primer lugar, la apropiación, sentirse partícipe y actor protagonista en la aplicación de los procesos. La población cuenta con la posibilidad de accionar de manera efectiva.

En una segunda instancia, la institucionalización como mecanismo para asegurar políticas públicas transformadoras y con impacto.

Lo anterior permite por consiguiente, la generación de espacios de participación e intercambio entre aquellos actores que tienen entre sus objetivos apropiar la Agenda en su actividad. El diálogo entre los sectores de la sociedad y el trabajo de manera conjunta y dinámica representan el camino para generar propuestas unificadoras que contemplen las necesidades, los recursos y las potencialidades de los actores involucrados, de esta manera se genera en primer lugar legitimidad para llevar a cabo los procesos, en segundo lugar continuidad y en tercer lugar coherencia.

 Es así como llegamos a un cuarto punto que incorpora a los anteriores. Esta iniciativa se presenta como un desafío ya que tiene como requisito el monitoreo y la evaluación de la aplicación de los procesos, los cuales deben ser factibles de seguimiento. Por lo tanto, la estadística nacional necesita desarrollar nuevos mecanismos de evaluación para identificar las principales demandas y a su vez medir el verdadero impacto que las políticas públicas generan en la sociedad.

Por último, resulta interesante señalar que Argentina se posiciona como pionera en destacar la importancia de las entidades subnacionales al haber generado el “Manual para la adaptación local de los ODS”, el cual reúne herramientas para la planificación y la aplicación de los objetivos a nivel municipal. La localización tanto a nivel provincial como municipal representa una dinámica más integradora y abarcativa que implica no solo una mirada de arriba hacia abajo, sino también una perspectiva más focalizada con iniciativas que surgen de aquellos actores (públicos, privados, académicos, organizaciones de la sociedad civil) que trabajan a nivel local.

Para concluir, la adaptación de la agenda 2030, requiere de 3 acciones, en primer lugar, se evidencia la necesidad de pensar a largo plazo ya no como una opción que está al final del camino sino como la línea que debe guiar todas las acciones cotidianas. En segundo lugar, el enfoque interdependiente y multidisciplinario debe ser apropiado por todos los sectores de la sociedad. Finalmente, resulta necesario no perder de vista que el fin último es el desarrollo humano de la persona entendido desde un punto de vista integral que incluye la dimensión individual, social y política.