Venezuela. Un país en deuda

Nicolás scavuzzo

Las dificultades e incertidumbres que enfrenta a nivel interno y la delicada situación económica  de Venezuela, obligan a este país a pagar tasas de interés muy elevadas para poder acceder al crédito. El presente artículo busca describir cómo la crisis política y económica que atraviesa Venezuela generan un perfil externo muy vulnerable.

Como explica Ricardo Hausmann (2017) , ex ministro de planeación venezolano, la caída del PBI en el periodo 2012-2016 es incluso mayor a las registradas por Estados Unidos durante la gran depresión de 1929 o a las que sufrieron algunos países satélites de la URSS luego de la disolución soviética. ¿Cómo podemos pensar en una crisis de tamaña magnitud en Venezuela cuando el resto del mundo si bien con dificultades, no está en una situación si quiera similar? Las razones han sido desarrolladas por numerosos autores. El argumento más aceptado indica que su canasta de exportaciones está compuesta casi en su totalidad por petróleo y sus derivados (casi en un 90% según datos del OEC) y que la caída en el precio del crudo generó una aguda caída de sus ingresos.

Sin embargo a este argumento hay que agregarle algo más. A la caída en el precio de su principal producto de exportación debe agregarse la falta de inversión en materia de extracción y refinamiento del mismo. Indica Hausmann que entre 2013 y 2017 la producción cayó en un 17%. Esta doble condición de la caída del precio y de la capacidad de extracción y por ende de aumentar las cantidades de exportación genera un círculo de difícil solución.

Ahora bien, ¿Cómo podría haberse evitado esta situación? Dos cuestiones parecen ser fundamentales y ninguna de las dos fue bien resuelta por el gobierno venezolano. Por un lado, incentivar la diversificación de la matriz productiva para mitigar la dependencia del petróleo. Analizando la composición de las exportaciones Venezolanas en el último decenio observamos que esto no sucedió. Por otro lado, el ahorro y la inversión en la capacidad productiva y de refinamiento hubiesen generado también la posibilidad de aumentar la producción en épocas de bajos precios o agregar valor al crudo extraído. Tampoco sucedió, Venezuela importa casi el 10% del valor total de sus importaciones en refinados de petróleo.

Este panorama económico no hace más que debilitar el perfil externo de Venezuela. Para reafirmar esto podemos decir que Venezuela afronta la deuda pública más grande del mundo si la medimos en porcentaje de su PBI. Pero además, otro dato aún más evidente es que es el gobierno que más servicios paga en relación a su PBI o al valor de sus exportaciones. Este último punto es fundamental para entender lo que planteábamos en la introducción respecto a la vulnerabilidad de su perfil externo. Para ilustrar esta situación podemos ver el siguiente ejemplo;  durante el año 2016 y ante una imperiosa necesidad de liquidez por parte de PDVSA, la compañía petrolera estatal de Venezuela,  fue Goldman Sachs, una de las compañías financieras más importantes del mundo, quien acudió para prestarles asistencia. La compañía con sede en Nueva York y conformada por capitales estadounidenses principalmente, compró bonos emitidos por PDVSA por un valor de 2.800 millones de dólares. Los mismos fueron emitidos en el año 2014 y tienen vencimiento para el año 2022.   

Cabe aclarar que por el total de los bonos adquiridos, Goldman Sachs pagó al Banco Central de Venezuela 865 millones de dólares. Como se mencionó anteriormente, el valor de los bonos emitidos por la compañía petrolera estatal era de 2.800 millones de dólares. Esto implica que la operación se cerró con una quita del 69% sobre el valor de los mismos. Para que esto quede aún más claro, por cada dólar de los 2.800 millones en los que estaban valuados los bonos, Goldman Sachs solo pago 31 centavos. Este dato deja en evidencia la inestabilidad política y la alarmante situación de Venezuela en términos económicos y sobre todo de liquidez sumergen al país en una dependencia crónica.

Al margen de otras consideraciones, su vulnerable situación provoca que los acreedores puedan aprovecharse de su necesidad de financiamiento en el corto plazo cobrando primas inimaginables en otro contexto. Una de las máximas de las finanzas indica que mientras mayor es el riesgo y la incertidumbre que rodea al deudor, mayor será la prima de riesgo que el acreedor exigirá para estar dispuesto a prestarle fondos.

Esta doble situación que se plantea en términos de bajo precio de su principal producto de exportación y su incapacidad de aumentar las cantidades o el valor agregado de sus exportaciones siguen acentuando la necesidad de financiarse; esto sumado al riesgo propio de un país que todos los días parece hundirse más en una crisis sin fin no hace más que dinamitar la posición externa de Venezuela.

REFERENCIAS: